TE VEO… – (Alethea Mshar)

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TE VEO….

 

Te veo llevando a tu hijo a terapia mientras tus amigos llevan a sus hijos a fútbol o a ballet.

Te veo escabullirte de la conversación cuando todos tus amigos presumen de logros y notas de exámenes.

Te veo hacer malabares con eventos y reuniones.

Te veo sentada al ordenador durante horas investigando sobre lo que tu hijo necesita.

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“Tu hijo es una buena persona” (Dr. Carlos Gonzalez, pediatra)

Feliz

 

Tu hijo es una buena persona.

Cuando una esposa afirma que su marido es muy bueno, probablemente es un hombre cariñoso, trabajador, paciente, amable… En cambio, si una madre exclama “mi hijo es muy bueno”, casi siempre quiere decir que se pasa el día durmiendo, o mejor que “no hace más que comer y dormir” (a un marido que se comportase así le llamaríamos holgazán). Los nuevos padres oirán docenas de veces (y pronto repetirán) el chiste fácil: “¡Qué monos son… cuando duermen!”
Y así los estantes de las librerías, las páginas de las revistas, las ondas de la radio, se llenan de “problemas de la infancia”: problemas de sueño, problemas de alimentación, problemas de conducta, problemas en la escuela, problemas con los hermanos… Se diría que cualquier cosa que haga un niño cuando está despierto ha de ser un problema.
Nadie nos dice que nuestros hijos, incluso despiertos (sobre todo despiertos), son gente maravillosa; y corremos el riesgo de olvidarlo. Aún peor, con frecuencia llamamos “problemas”, precisamente, a sus virtudes.

Tu hijo es generoso.

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¿QUÉ ES ACOMPAÑAR?

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Simplemente estar ahí, presente,
al lado de quien te necesita.
No es indispensable hablar,
ni hacer algo especial.
Lo importante es comunicar al otro
que uno está unido con la alegría,
o la tristeza;
que está viviendo el ser querido.

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¡HOLA! SOY LA ANSIEDAD- (Fabiola Cuevas)

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Soy la ansiedad, no te asustes… vengo en son de paz, por cierto, ¿por qué te asustas tanto ante mi presencia?

Digo, sé que te sientes horrible cada vez que aparezco, que te desesperas y quisieras mandarme a volar, sé que si pudieras… me matarías, sobre todo porque crees que yo soy la que te quiere matar o hacer daño, pero créeme, si no te he matado, no lo voy a hacer.

No estoy aquí para hacerte daño, mucho menos para volverte loco, creo que ya te lo he demostrado cada vez que llego a tu cuerpo, hago un relajo y te asusto, pero al final del día… no te he matado, no te has vuelto loco.

Si pudiera, lo haría, pero esa no es mi idea.

descargaLa verdad es que aparezco y te hago sentir todo eso porque no había logrado encontrar otra manera de hacerme escuchar por ti, estabas tan ocupado tratando de ser exitoso, productivo y de demostrarle a los demás que eres digno de ser amado… que no escuchabas mis pequeñas señales.

¿Recuerdas esa vez que te dio un dolor de cabeza? ¿O cuando tuviste insomnio por más de 2 horas? ¿O qué tal esa vez que sin razón aparente te soltaste a llorar?

Bueno, pues todas esas veces era yo tratando de que me escucharas, pero no lo hiciste, seguiste con tu ritmo de vida, seguiste con tu misma manera de pensar… Entonces intenté algo más fuerte, hice que te temblara el ojo, que se te taparan los oídos y que te sudaran las manos… pero tampoco me quisiste escuchar.

Aunque acá entre nos, los dos sabemos que sentías mi presencia, es por eso que cuando te quedabas tranquilo… o era momento de estar sólo contigo mismo, en soledad… te empezabas a poner nervioso, como si algo te impidiera quedarte quieto.

Te desesperabas, porque “no entendías” con tu mente racional lo que estaba pasando, y claro, con tu mente racional no me ibas a entender.

Así es que por eso me he rendido y decidí escribirte.

Y te felicito si estás leyendo lo que te digo, porque significa que ya tienes el valor de escucharme, y créeme, nadie mejor que yo sabe de tu gran habilidad para evitarme y salir corriendo, huyendo de mí como huirías del monstruo en el bosque oscuro.

Como esas veces que me evitas y te distraes embobándote horas con la televisión, viviendo las vidas de otras personas que ni conoces para no enfrentar que la tuya no te gusta.

O qué tal, de esas veces que con un par de cubitas lograbas adormecer tus nervios e inquietud; y ni qué decir de esas otras substancias que más allá de adormecerte, te fugan de esta realidad que no quieres enfrentar.

Pero bueno, espero que ahora estés listo y lista para enfrentar tu realidad y escucharme por fin. Espero que estés listo y lista para enfrentar la verdad de tu vida y de ti mismo tal y como es, sin máscaras, sin atajos… sin pretensiones. Así es que aquí te van las cosas como son.
Lo único que llevo tratándote de decir todo este tiempo, es que… ya es tiempo de evolucionar, necesitas hacerlo, no hay de otra.

Necesitas crear cambios muy profundos dentro de ti, pues por alguna razón, en realidad no estás disfrutando de tu vida y no te sientes pleno. Por eso yo estoy aquí, para ayudarte a recuperar esa plenitud que vive dentro de ti, y para lograrlo, tendrás que deshacerte de lo que te impide contactarla. Estoy aquí para ayudarte a ver precisamente qué te impide contactar con tu sentido de vida, con tu pasión por vivir, con tu alegría y con tu verdadero ser que es tu esencia. Cada vez que yo aparezca en tu vida, será porque tú mismo no te has dado cuenta que no estás siendo pleno y feliz, así es que si vuelvo a aparecer, no te asustes… mejor agradéceme que llegué y escúchame.

Y si realmente me escuchas, no tardarás en hacer los cambios que necesitas hacer en tu vida, los harás de inmediato, claro, eso si realmente quieres sentirte bien de nuevo, todo depende de qué tanto quieras. Y sé que sí quieres, pero a la vez sé que quieres seguir en tu confort y en tu comodidad por vivir con “lo conocido”, aunque eso conocido te haga daño.

Prefieres seguir buscando la aprobación y aceptación de los demás, haciendo hasta lo imposible por llamar su atención; buscando seguridad en otras personas menos en ti; prefieres que los demás sean responsables de tu persona que tú mismo, y claro, te entiendo, todos quisiéramos regresar a la panza de nuestra mamá y despreocuparnos de todo.

Pero… te tengo una noticia, solamente entrando a un temazcal podrás acercarte a esa experiencia. Mientras tanto… necesitas asumir que eres responsable de ti y que solamente tú me podrás escuchar, y cuando me escuches y yo vea que ya me hiciste caso, créeme que me iré. Solamente tú puedes hacer que me vaya.

Y eso es algo muy importante que te quiero decir, en verdad me iré en cuanto vea que estás haciendo esos cambios en tu vida, cuando vea que estás en camino a tu evolución y que estás dispuesto a crecer y recuperarte a ti mismo. Mientras no lo hagas… aquí seguiré.

En conclusión, si hoy estoy aquí, es porque me necesitas.

images (6)Necesitas de mi para modificar tu manera de interpretar tu realidad, la cual dejame decirte que está un poco distorsionada. Necesitas deshacerte de creencias que no te ayudan y que nada más te limitan; necesitas perdonar todo ese enojo que guardas a tus seres queridos y recuperar tu libertad interior.
Y sobre todo, necesitas de mí para hacer lo que te gusta de la vida, para ser tú mismo, y perder el miedo al rechazo o abandono de los demás.

Necesitas de mí para ponerle límites a las personas que te lastiman; para que te agarres de valor y aprendas a decir que “no”; para que dejes de mendigar amor con quien no te merece; para que dejes de depender de la existencia de tu pareja para ser feliz; para que de una vez por todas… ¡cuides tu cuerpo!

¿De qué otra manera le habrías puesto atención a tu cuerpo? Digo, probablemente de muchas maneras, pero ésta está funcionando. Necesitas darle el alimento que necesita, dejar de criticar tu físico y agradecerle por lo que te da; haz que sude y que se mueva, ten tus hormonas al día y duerme las horas que necesitas.

¿Por qué te explotas? ¿Por qué te exiges tanto? No entiendo porqué lo haces… si lo tienes todo, lo eres todo, tienes toda la capacidad que necesitas para crear tu propia realidad, pero te tratas como tu propio esclavo, eres demasiado severo contigo mismo… y estoy aquí para pedirte que simplemente dejes de hacerlo.

Así es que ya sabes… si realmente quieres que me vaya, toma el timón de ti mismo, pregúntate qué has hecho que te ha sacado de tu equilibrio interior. Pregúntate realmente cómo quieres vivir y lucha por esa vida, es tu vida, y solamente tú puedes decidir sobre ella… si a los demás no les parece, es porque los estás retando y tarde o temprano te seguirán, y si no… tendrán otra oportunidad, dales chance.

El único control que puedes tomar es el de ti mismo, pero para recuperarlo, tendrás que aceptar que lo has perdido, y que dejes que yo me exprese, que salga a decirte con todos esos síntomas tan horribles que me inventé para decirte algo muy claro, pero si me reprimes y te distraes cada vez que llego… no podré hablarte y vendré más fuerte.

Así es que la próxima vez que me sientas llegar, haz un alto, cierra los ojos… déjate sentir todo lo que te estoy diciendo, apaga tu mente racional por un momento, déjate llevar… y entiéndeme. Después, empieza el cambio en tu vida con acciones claras y específicas, y en menos de que te des cuenta, me iré.

Espero no tener que llegar muchas veces más en tu vida, pero si lo hago… recuerda que no quiero lastimarte, quiero ayudarte a que recuperes tu propio camino de evolución, el camino que si lo tomas, te hará mucho muy feliz.

Y ya para terminar, ojalá que puedas verme como lo que soy: tu esencia.
Soy tú mismo gritándote con desesperación que me escuches por favor. Así es que hola, yo soy tú, hablándote desde el fondo de tu corazón, desesperado tocándolo para que me pongas atención, lo que sientes no es taquicardia, soy yo, tu esencia, que quiere salir de ahí.

Con cariño, tu esencia disfrazada de ansiedad.

® Escrito por Psico. Fabiola Cuevas para Desansiedad

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Validación emocional: ¿qué es y cómo practicarla?

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  • “No te preocupes”.

  • “No es para tanto”.

  • “Estas exagerando”.

  • “No te podés poner así por eso”.

  • “No vale la pena estar triste”.

Todos hemos recibido alguna vez comunicaciones similares a éstas. Entonces, apenas las escuchamos, corremos a abrir la cajita de herramientas para “cambiar lo que sentimos”, todos ilusionados, hasta que nos damos cuenta de que simplemente no podemos. La cajita resulta inútil, lo que sentimos es algo que no depende de nuestra voluntad. Por supuesto que una vez que una emoción se ha disparado, contamos con varios recursos para elegir cómo responder a ella, pero esa es otra historia.

Las emociones tienen siempre un disparador –un evento que las precipita; que no podamos identificarlo desde afuera no significa que la emoción surgió “de la nada”. Todos los seres humanos estamos preparados para experimentar todas las emociones ya que son parte del desarrollo evolutivo de nuestra especie y cumplen una función. En este sentido no hay tal cosa como emociones “buenas” o “malas”, “correctas” o “incorrectas”.

Vamos a decirlo de entrada: todas las emociones que experimente una persona son siempre válidas y tienen sentido.

Demás está decir que la mayoría de las veces cuando alguien nos dice “no te preocupes, no es nada” está tratando de ayudar, de calmar, de aliviar. Sus intenciones son buenas pero probablemente provoque el efecto contrario: hacernos sentir equivocados y dejarnos solos. A esto le llamamos invalidar: comunicarle al otro que lo siente es incorrecto, que debería sentir distinto, que no es comprensible lo que le pasa.

Básicamente, lo que está detrás de la comunicación invalidante es la NO aceptación de la experiencia emocional del otro.

Validar: una estrategia de Aceptación

Probablemente uno de los mayores aportes de la Terapia Dialectico-Conductual (DBT) haya sido la inclusión de la Validación como una de las estrategias centrales del tratamiento –si querés leer más sobre DBT click aquí-. De hecho es una terapia que estimula la presencia de una “dialéctica” entre estrategias de validación (aceptación) y estrategias de cambio, mientras que la mayoría de las psicoterapias que conocemos están orientadas principalmente al cambio solamente.

La validación por parte del terapeuta implica, de manera resumida, comunicar al paciente que sus respuestas emocionales tienen sentido y son entendibles dentro de su historia y/o contexto actual (Linehan, 1993). El terapeuta acepta las emociones del paciente y le comunica esta aceptación. Aceptarlas implica identificar esas respuestas, tomarlas seriamente, sin desatenderlas ni trivializarlas, con una actitud no juiciosa y describiéndolas de manera no peyorativa.

Todas las emociones que experimente una persona son siempre válidas y tienen sentido.

Básicamente, cuando un terapeuta DBT utiliza estrategias de validación emocional lo que hace es alguna de estas cuatro cosas (o varias a la vez):

  • Ofrece oportunidades para la expresión emocional: el terapeuta escucha, clarifica y valida las emociones sin juzgarlas, dándoles lugar. Esto implica lo contrario a intentar controlar las emociones del paciente –intentar calmar las emociones rápidamente envía el mensaje de que son algo que no tendría que estar ahí, algo de lo que hay que deshacerse, justamente lo contrario a lo que se intenta al validar.
  • Enseña habilidades de identificación y etiquetado de emociones: invita a observar con atención qué es lo que se está experimentando, a identificar los componentes de la emoción (disparadores, sensaciones corporales, impulsos de acción) y a poder nombrarlas.
  • Lee las emociones: para esto es necesario que el terapeuta conozca bien al paciente y esté familiarizado con su cultura y contexto. Leer las emociones implica que con pocos elementos –como el evento precipitante o cierta postura corporal- el terapeuta puede darse cuenta de cuál es la emoción que puede estar sintiendo el paciente y comunicárselo a modo de hipótesis. Esto es casi siempre validante ya que comunica que la respuesta emocional del paciente es normal y entendible.
  • Comunica la validez de la emoción: el terapeuta comunica que esa experiencia emocional es comprensible. Existen dos tipos de comprensión que puede comunicar. La primera es comunicar que la mayoría de las personas responderían a la situación disparadora de la emoción de la misma manera. La segunda es comunicar que la emoción es comprensible dadas sus experiencias pasadas de aprendizaje –incluso cuando otros hubieran reaccionado diferente, es entendible dentro de ese contexto.

Validación en la vida cotidiana

Podemos definir entonces a la validación como una práctica de aceptación profunda de las emociones del otro sin juzgar, sin aconsejar, sin intentar cambiar nada en ese momento. Cuando validamos, corroboramos la importancia de lo que siente la otra persona y lo tomamos como algo legítimo. En definitiva: comunicamos que nos importa su experiencia.

No tenemos que estar de acuerdo para validar, ni pensar que nosotros reaccionaríamos igual. Tampoco es necesario que nos parezca lógica la respuesta emocional. Si asumimos que todas las respuestas emocionales son producto de una historia de aprendizaje y un contexto particular, podremos entender que son siempre válidas, aunque no comprendamos del todo esa respuesta particular.

Tenemos muy buenas razones para practicar validación con las personas que tenemos a nuestro alrededor. La validación construye confianza y aumenta la intimidad en los vínculos, disminuye la sensación de aislamiento y alienta a que el otro experimente y acepte sus emociones.

La práctica de la validación suele generar también un aumento de la capacidad para la auto-validación emocional. Respetamos las emociones de los otros y también las propias, aceptándolas como parte de la experiencia de ser humanos.

¿Cómo la practicamos?

 

1) Prestando atención, escuchando al otro, mirándolo a los ojos: escuchar lo que dice atentamente, observar sus gestos, su tono de voz, su postura corporal; estar atento a lo que el otro expresa sin pensar en la respuesta que darás.

2) Aceptando con mente abierta la experiencia emocional del otro: cualquiera que sea la emoción que está sintiendo, es su emoción, y puede incluso ser dolorosa pero eso es parte de la condición humana. Es importante hacer lugar a todas las emociones, todas tienen un sentido.

Cuando validamos, corroboramos la importancia de lo que siente la otra persona y lo tomamos como algo legítimo

3) Identificar las emociones del otro y dar una respuesta empática sin aconsejar: aconsejar implica que algo de la situación debe cambiar, muestra que nos cuesta tolerar la presencia de la experiencia emocional. Si la otra persona no ha pedido consejo, darlo puede resultar invalidante ya que puede dejar ver que consideramos que el otro no sabe cómo resolver sus problemas.

4) Ofrecer compañía: ofrecele permanecer a su lado durante la experiencia emocional; si no estás seguro de que eso es lo que el otro desea podés preguntar si desea estar solo, si quiere hablar sobre eso o si hay algo puntual que puedas hacer en ese momento. Es importante no emitir juicios ni valoraciones en esos momentos y estar dispuesto a dar no lo que uno cree que es mejor sino lo que es mejor desde la perspectiva del otro.

Una de las razones por las que nos cuesta tanto validar las emociones del otro es la ansiedad que sentimos por ayudarlo a sentirse mejor –y, de paso, sentirnos mejor nosotros. Nos cuesta hacer lugar a las emociones, en especial cuando son dolorosas o displacenteras. Nos duele que al otro le duela, que esté triste, que esté enojado y nos cuesta tolerar estar ahí para simplemente acompañar. Pero el riesgo de querer ahogar rápido esas emociones es alto: podríamos enseñar sin quererlo que las emociones dolorosas no deberían estar ahí, cuando en realidad son parte ineludible de la vida; podríamos estar comunicando que el otro no sabe cómo llevar una vida sin dolor, lo cual es en realidad una meta inalcanzable.

PARA FINALIZAR: no hay experiencias emocionales “positivas” sin las “negativas”. Quien no está dispuesto a sentir y aceptar el dolor poco a poco va perdiendo la capacidad para experimentar felicidad y alegría (Luciano Soriano & Salas, 2006). En este sentido, uno de los mejores regalos que podemos ofrecer es dar lugar a las emociones del otro –y a las propias-, las que fueren, porque todas contienen algo de verdad y de sentido y merecen ser experimentadas completamente.

Referencias: Linehan, M. (1993). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. New York: NY: Guilford Press. Luciano Soriano, M., & Salas, M. (2006). La terapia de aceptación y compromiso (ACT): Fundamentos, características y evidencia. Papeles Del Psicólogo, 27(2), 79–91. Imagen: Changedbychrist

Fuente: http://www.psyciencia.com

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Poema: “La Mujer que Llora”

La mujer que llora - Jessica Ruidiaz

 

Soy la mujer de ojos tristes,
Epifanía de una noche de estío.
y jazmines en la mesa sin mantel.
Manos blandas hacedoras de versos…
Cristalina tengo el alma y tengo ansias
Encumbradas en ocasos que soñé.

Soy el vaso de agua medio lleno
Esfinge de un dolor de atardecer
De una pena que no calla su alarido
Su caudal de impotencia, su rabia de ayer.

Soy la mujer que se arrodilla
En la tumba de su hija a llorar
Soy Febrero y Abril y lejanía
Y borrascoso invierno por romper.

Soy la mujer que llora en silencio
Fecunda y sombría.
Con demasiado asma para correr
Entregada y distante
Generosa y pequeña
Brisa perdurable de un amor
Aún por florecer.

Soy la mujer que llora
Lloviznas de verano en la piel.
Carreteras de amapolas en el pecho
y un océano de letras con claveles en la sien.
Hambrienta de palabras. Penumbra agorera.
Soy quimera y madreselva
Soy niña, soy madre y mujer.

 

JESSICA RUIDIAZ
Publicado en el libro “Se me escapa la noche”, Editorial Amaru (2007)

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Mi embarazo después de la pérdida. Declaración de Derechos.

Mi embarazo después de la pérdida. Declaración de Derechos.

 

Estar embarazada después de haber perdido un hijo en el vientre o después de nacer es muy movilizante. Nadie sabe muy bien que hacer y la mezcla de sentimientos reina durante los nueve meses. Aquí les presentamos este texto que nos puede aclarar un poco a todos de que se trata esta nueva experiencia.

Embarazo luego de la pérdida

  1. Tengo el derecho a llorar a mi hijo o hijos que murieron ya sea durante el embarazo o después de su nacimiento. Durante mi actual embarazo tengo el derecho a estar triste por mis pérdidas anteriores.
  2. Tengo el derecho a tener miedo, ansiedad y temor. Yo ya sé lo que es perder. Sé lo que se siente que el “nunca me va a pasar” me suceda en realidad. Ya me ha pasado lo peor, y sé que podría pasar de nuevo. Por favor, no minimicen mi realidad minimizando mis miedos.
  3. Tengo derecho a recibir apoyo. Lo necesito ahora más que nunca. Especialmente de mi familia, amigos, otras madres en duelo, profesionales de salud mental, y del equipo de salud que atiende mi actual embarazo.
  4. Tengo el derecho de buscar el consuelo de otros cuando sea necesario. También tengo el derecho a rechazar la los consejos o recomendaciones para ser fuerte que otros me dan y que no pedí, ni quiero oír ni creer en este momento.
  5. Tengo el derecho a que los médicos me crean. Yo soy la experta en mi cuerpo, en mi bebé y en este embarazo, mis preocupaciones deberán ser tomadas en serio. Si no se toman en serio, puedo y voy a encontrar un médico o partera que respete mi experiencia y el conocimiento que tengo de mi misma, y que escuche mis necesidades.
  6. Bebé arco irisTengo el derecho de planificar y tener la experiencia de parto que yo elija. Se trate de una cesárea o parto vaginal, tengo el derecho de planear y esperar la experiencia del nacimiento que considere que será la más sanadora para mi. Yo entiendo de primera mano que la vida no siempre va según los planes, pero todavía tengo el derecho a proyectar desde ahora para que las cosas resulten diferentes.
  7. Tengo el derecho de no asistir a baby showers, cumpleaños, fiestas y otros eventos que están haciendo para mí. Rechazar una invitación a un baby shower durante el embarazo después de la pérdida no es egocéntrico o grosero; se llama “instinto de conservación”.
  8. Tengo derecho a sentir la alegría y la esperanza de esta nueva vida que llevo adentro mío. Soy libre de esperar que este niño traiga un poco de sanación y felicidad a mi vida.
  9. Tengo el derecho de NO estar bien. He pasado por una de las peores experiencias que una persona puede atravesar, he perdido a un hijo y la maternidad de ese niño. Debido a esto me he ganado el derecho a no estar bien durante este embarazo después de la pérdida. Si alguien tiene un problema con eso, entonces esa persona no puede estar en mi vida en este momento.
  10. Tengo el derecho a llorar a mi hijo/os que murió ya sea durante el embarazo o después de su nacimiento. El hecho de que esté embarazada de nuevo no significa que me deje de doler todo lo que he perdido.
  11. Tengo el derecho de celebrar o no celebrar este embarazo. El embarazo después de la pérdida es difícil. Podría ser la cosa más difícil que he hecho después de haber perdido a mi hijo. Tengo el derecho de estar confundida acerca de la danza de la alegría y el dolor que fluye continuamente a través de mí, mientras espero una nueva vida y siento dolor por otra que perdí.

 

Fuente: http://www.pregnancyafterlosssupport.com/pregnancy-loss-bill-rights/
Traducción y adaptación: Dra Agostina Bianconi y María Esther Olivera (Equipo Fundación Era en Abril – Organización que brinda apoyo a padres de bebés fallecidos en el embarazo, parto o después de nacer – www.eraenabril.org)

Si estás embarazada luego de una pérdida y sentís que necesitás acompañamiento psicológico por favor no dudes en comunicarte conmigo. Estoy para acompañarte.

consultoriopsi-eea@hotmail.com

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