“Cuando el alma se abre paso entre el dolor.” Por Clr Analia Forti

El dolor es un maestro existencial que enseña a través de experiencias vivenciales que desearíamos evitar y que sin embargo son las que construyen nuestros aprendizajes más profundos.

La experiencia de la pérdida de un ser querido es quizás el suceso más traumático del alma y constituye un quiebre en el modo de ver el mundo y de estar en él. En algunos la pérdida representa un quebranto en su fé y en otros un acercamiento a ella, pero a todos se nos rasga el alma en la vivencia de esa separación definitiva e incierta.
Morir puede ser un acto involuntario o provocado, por sí mismo o por otro y en cualquiera de sus formas la pregunta que estruja el alma es la misma…
¿por qué?…

¿Por qué lo hizo? ¿ Por qué lo hicieron? ¿ Por qué tenía que pasarle esto? ¿por qué a él / ella? ¿ por qué ahora?.
Buscamos en la razón las razones de lo que constituye el mayor misterio de la vida… la muerte. Ese paso hacia lo que desconocemos e imaginamos torpemente desde nuestra limitada comprensión humana. En nuestros intentos de comprender ese “ no ser físicamente pero seguir siendo en un espíritu trascendente” nos perdemos y tropezamos con el dolor del desapego y de la desaparición de aquello que conocemos y por lo cual nos hacemos existentes, el cuerpo.
“Lo necesito acá !!!” sollozaba entre gritos desgarradores aquella mujer a los pocos meses de la dolorosa pérdida de su esposo y sus manos se debatían entre temblores e impotencia. Su mirada buscaba respuestas y se perdía en un punto lejano de no retorno, una nada que la confrontaba con el imperativo de la aceptación de aquello que no podía cambiar.
El dolor parece invadirlo todo a veces y derrota toda ansia vital que habitara a la persona en duelo. Ese dolor se acompaña con presencia y palabras de validación al sentir del que sufre. El dolor del duelo es un proceso lento de desasir el alma y desanudar proyectos, sueños, ilusiones con se ha ido en su viaje final.
El dolor del duelo no admite imposiciones de fortaleza exigida, no tiene plazos ciertos, no se puede apurar el trago del dolor del duelo ni puede pasar de nosotros ese cáliz.
Las pérdidas duelen, en el cuerpo físico y en el psíquico, duelen en el espíritu que se quebranta en su pena doliente.
Y así como todo en la vida tiene su tiempo, un tiempo que tantas veces no podemos comprender con nuestro limitado entendimiento humano, el duelo tiene su tiempo de pena dolor y es entre medio de los laberintos de la ausencia que el alma se abre camino y repara la fe, la esperanza y nos devuelve el deseo de asirnos a la vida, que desde ahora será sin esa presencia física que solo nos habitará como un recuerdo internalizado y para quienes somos de Fé nos descansará en la esperanza cierta del reencuentro cuando llegue nuestro tiempo.
El dolor de una pérdida es la más sublime expresión de nuestra humanidad vulnerable y acompañar a un doliente en su pena implica también acariciar un alma que se abre camino en medio del más profundo desconcierto.
Una persona en duelo es el cuerpo mismo del dolor humano.
Presencia y Respeto.

Escrito por: Clr. Analia Forti
Directora AF Counseling Center Buenos Aires

1 Comentario

  1. JUANITA GARRIDO SEPULVEDA
    Jul 12, 2014

    AL LEER ESTA CARTA ME DOY CUENTA QUE ES LO QUE CIENTO EN MI ALMA QUE DUELE TE DUELE VIVIR DUELE LA VIDA …. AL FINAL A TODOS SE NOS MUERE EL ALMA EN UNA PERDIDA COMO A MI AL PARTIR MI HIJA NO AY RESPUESTA PARA TAN GRANDE PENA ……AL LEER ESTA CARTA ME IBA DANDO CUENTA QUE ES LO QUE MI ALMA CIENTE Y ES COMO RECONOCERME EN ESTAS LINEAS ………….GRACIAS DIOS LOS BENDIGAA

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