¡HOLA! SOY LA ANSIEDAD- (Fabiola Cuevas)

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Soy la ansiedad, no te asustes… vengo en son de paz, por cierto, ¿por qué te asustas tanto ante mi presencia?

Digo, sé que te sientes horrible cada vez que aparezco, que te desesperas y quisieras mandarme a volar, sé que si pudieras… me matarías, sobre todo porque crees que yo soy la que te quiere matar o hacer daño, pero créeme, si no te he matado, no lo voy a hacer.

No estoy aquí para hacerte daño, mucho menos para volverte loco, creo que ya te lo he demostrado cada vez que llego a tu cuerpo, hago un relajo y te asusto, pero al final del día… no te he matado, no te has vuelto loco.

Si pudiera, lo haría, pero esa no es mi idea.

descargaLa verdad es que aparezco y te hago sentir todo eso porque no había logrado encontrar otra manera de hacerme escuchar por ti, estabas tan ocupado tratando de ser exitoso, productivo y de demostrarle a los demás que eres digno de ser amado… que no escuchabas mis pequeñas señales.

¿Recuerdas esa vez que te dio un dolor de cabeza? ¿O cuando tuviste insomnio por más de 2 horas? ¿O qué tal esa vez que sin razón aparente te soltaste a llorar?

Bueno, pues todas esas veces era yo tratando de que me escucharas, pero no lo hiciste, seguiste con tu ritmo de vida, seguiste con tu misma manera de pensar… Entonces intenté algo más fuerte, hice que te temblara el ojo, que se te taparan los oídos y que te sudaran las manos… pero tampoco me quisiste escuchar.

Aunque acá entre nos, los dos sabemos que sentías mi presencia, es por eso que cuando te quedabas tranquilo… o era momento de estar sólo contigo mismo, en soledad… te empezabas a poner nervioso, como si algo te impidiera quedarte quieto.

Te desesperabas, porque “no entendías” con tu mente racional lo que estaba pasando, y claro, con tu mente racional no me ibas a entender.

Así es que por eso me he rendido y decidí escribirte.

Y te felicito si estás leyendo lo que te digo, porque significa que ya tienes el valor de escucharme, y créeme, nadie mejor que yo sabe de tu gran habilidad para evitarme y salir corriendo, huyendo de mí como huirías del monstruo en el bosque oscuro.

Como esas veces que me evitas y te distraes embobándote horas con la televisión, viviendo las vidas de otras personas que ni conoces para no enfrentar que la tuya no te gusta.

O qué tal, de esas veces que con un par de cubitas lograbas adormecer tus nervios e inquietud; y ni qué decir de esas otras substancias que más allá de adormecerte, te fugan de esta realidad que no quieres enfrentar.

Pero bueno, espero que ahora estés listo y lista para enfrentar tu realidad y escucharme por fin. Espero que estés listo y lista para enfrentar la verdad de tu vida y de ti mismo tal y como es, sin máscaras, sin atajos… sin pretensiones. Así es que aquí te van las cosas como son.
Lo único que llevo tratándote de decir todo este tiempo, es que… ya es tiempo de evolucionar, necesitas hacerlo, no hay de otra.

Necesitas crear cambios muy profundos dentro de ti, pues por alguna razón, en realidad no estás disfrutando de tu vida y no te sientes pleno. Por eso yo estoy aquí, para ayudarte a recuperar esa plenitud que vive dentro de ti, y para lograrlo, tendrás que deshacerte de lo que te impide contactarla. Estoy aquí para ayudarte a ver precisamente qué te impide contactar con tu sentido de vida, con tu pasión por vivir, con tu alegría y con tu verdadero ser que es tu esencia. Cada vez que yo aparezca en tu vida, será porque tú mismo no te has dado cuenta que no estás siendo pleno y feliz, así es que si vuelvo a aparecer, no te asustes… mejor agradéceme que llegué y escúchame.

Y si realmente me escuchas, no tardarás en hacer los cambios que necesitas hacer en tu vida, los harás de inmediato, claro, eso si realmente quieres sentirte bien de nuevo, todo depende de qué tanto quieras. Y sé que sí quieres, pero a la vez sé que quieres seguir en tu confort y en tu comodidad por vivir con “lo conocido”, aunque eso conocido te haga daño.

Prefieres seguir buscando la aprobación y aceptación de los demás, haciendo hasta lo imposible por llamar su atención; buscando seguridad en otras personas menos en ti; prefieres que los demás sean responsables de tu persona que tú mismo, y claro, te entiendo, todos quisiéramos regresar a la panza de nuestra mamá y despreocuparnos de todo.

Pero… te tengo una noticia, solamente entrando a un temazcal podrás acercarte a esa experiencia. Mientras tanto… necesitas asumir que eres responsable de ti y que solamente tú me podrás escuchar, y cuando me escuches y yo vea que ya me hiciste caso, créeme que me iré. Solamente tú puedes hacer que me vaya.

Y eso es algo muy importante que te quiero decir, en verdad me iré en cuanto vea que estás haciendo esos cambios en tu vida, cuando vea que estás en camino a tu evolución y que estás dispuesto a crecer y recuperarte a ti mismo. Mientras no lo hagas… aquí seguiré.

En conclusión, si hoy estoy aquí, es porque me necesitas.

images (6)Necesitas de mi para modificar tu manera de interpretar tu realidad, la cual dejame decirte que está un poco distorsionada. Necesitas deshacerte de creencias que no te ayudan y que nada más te limitan; necesitas perdonar todo ese enojo que guardas a tus seres queridos y recuperar tu libertad interior.
Y sobre todo, necesitas de mí para hacer lo que te gusta de la vida, para ser tú mismo, y perder el miedo al rechazo o abandono de los demás.

Necesitas de mí para ponerle límites a las personas que te lastiman; para que te agarres de valor y aprendas a decir que “no”; para que dejes de mendigar amor con quien no te merece; para que dejes de depender de la existencia de tu pareja para ser feliz; para que de una vez por todas… ¡cuides tu cuerpo!

¿De qué otra manera le habrías puesto atención a tu cuerpo? Digo, probablemente de muchas maneras, pero ésta está funcionando. Necesitas darle el alimento que necesita, dejar de criticar tu físico y agradecerle por lo que te da; haz que sude y que se mueva, ten tus hormonas al día y duerme las horas que necesitas.

¿Por qué te explotas? ¿Por qué te exiges tanto? No entiendo porqué lo haces… si lo tienes todo, lo eres todo, tienes toda la capacidad que necesitas para crear tu propia realidad, pero te tratas como tu propio esclavo, eres demasiado severo contigo mismo… y estoy aquí para pedirte que simplemente dejes de hacerlo.

Así es que ya sabes… si realmente quieres que me vaya, toma el timón de ti mismo, pregúntate qué has hecho que te ha sacado de tu equilibrio interior. Pregúntate realmente cómo quieres vivir y lucha por esa vida, es tu vida, y solamente tú puedes decidir sobre ella… si a los demás no les parece, es porque los estás retando y tarde o temprano te seguirán, y si no… tendrán otra oportunidad, dales chance.

El único control que puedes tomar es el de ti mismo, pero para recuperarlo, tendrás que aceptar que lo has perdido, y que dejes que yo me exprese, que salga a decirte con todos esos síntomas tan horribles que me inventé para decirte algo muy claro, pero si me reprimes y te distraes cada vez que llego… no podré hablarte y vendré más fuerte.

Así es que la próxima vez que me sientas llegar, haz un alto, cierra los ojos… déjate sentir todo lo que te estoy diciendo, apaga tu mente racional por un momento, déjate llevar… y entiéndeme. Después, empieza el cambio en tu vida con acciones claras y específicas, y en menos de que te des cuenta, me iré.

Espero no tener que llegar muchas veces más en tu vida, pero si lo hago… recuerda que no quiero lastimarte, quiero ayudarte a que recuperes tu propio camino de evolución, el camino que si lo tomas, te hará mucho muy feliz.

Y ya para terminar, ojalá que puedas verme como lo que soy: tu esencia.
Soy tú mismo gritándote con desesperación que me escuches por favor. Así es que hola, yo soy tú, hablándote desde el fondo de tu corazón, desesperado tocándolo para que me pongas atención, lo que sientes no es taquicardia, soy yo, tu esencia, que quiere salir de ahí.

Con cariño, tu esencia disfrazada de ansiedad.

® Escrito por Psico. Fabiola Cuevas para Desansiedad

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Validación emocional: ¿qué es y cómo practicarla?

emociones

  • “No te preocupes”.

  • “No es para tanto”.

  • “Estas exagerando”.

  • “No te podés poner así por eso”.

  • “No vale la pena estar triste”.

Todos hemos recibido alguna vez comunicaciones similares a éstas. Entonces, apenas las escuchamos, corremos a abrir la cajita de herramientas para “cambiar lo que sentimos”, todos ilusionados, hasta que nos damos cuenta de que simplemente no podemos. La cajita resulta inútil, lo que sentimos es algo que no depende de nuestra voluntad. Por supuesto que una vez que una emoción se ha disparado, contamos con varios recursos para elegir cómo responder a ella, pero esa es otra historia.

Las emociones tienen siempre un disparador –un evento que las precipita; que no podamos identificarlo desde afuera no significa que la emoción surgió “de la nada”. Todos los seres humanos estamos preparados para experimentar todas las emociones ya que son parte del desarrollo evolutivo de nuestra especie y cumplen una función. En este sentido no hay tal cosa como emociones “buenas” o “malas”, “correctas” o “incorrectas”.

Vamos a decirlo de entrada: todas las emociones que experimente una persona son siempre válidas y tienen sentido.

Demás está decir que la mayoría de las veces cuando alguien nos dice “no te preocupes, no es nada” está tratando de ayudar, de calmar, de aliviar. Sus intenciones son buenas pero probablemente provoque el efecto contrario: hacernos sentir equivocados y dejarnos solos. A esto le llamamos invalidar: comunicarle al otro que lo siente es incorrecto, que debería sentir distinto, que no es comprensible lo que le pasa.

Básicamente, lo que está detrás de la comunicación invalidante es la NO aceptación de la experiencia emocional del otro.

Validar: una estrategia de Aceptación

Probablemente uno de los mayores aportes de la Terapia Dialectico-Conductual (DBT) haya sido la inclusión de la Validación como una de las estrategias centrales del tratamiento –si querés leer más sobre DBT click aquí-. De hecho es una terapia que estimula la presencia de una “dialéctica” entre estrategias de validación (aceptación) y estrategias de cambio, mientras que la mayoría de las psicoterapias que conocemos están orientadas principalmente al cambio solamente.

La validación por parte del terapeuta implica, de manera resumida, comunicar al paciente que sus respuestas emocionales tienen sentido y son entendibles dentro de su historia y/o contexto actual (Linehan, 1993). El terapeuta acepta las emociones del paciente y le comunica esta aceptación. Aceptarlas implica identificar esas respuestas, tomarlas seriamente, sin desatenderlas ni trivializarlas, con una actitud no juiciosa y describiéndolas de manera no peyorativa.

Todas las emociones que experimente una persona son siempre válidas y tienen sentido.

Básicamente, cuando un terapeuta DBT utiliza estrategias de validación emocional lo que hace es alguna de estas cuatro cosas (o varias a la vez):

  • Ofrece oportunidades para la expresión emocional: el terapeuta escucha, clarifica y valida las emociones sin juzgarlas, dándoles lugar. Esto implica lo contrario a intentar controlar las emociones del paciente –intentar calmar las emociones rápidamente envía el mensaje de que son algo que no tendría que estar ahí, algo de lo que hay que deshacerse, justamente lo contrario a lo que se intenta al validar.
  • Enseña habilidades de identificación y etiquetado de emociones: invita a observar con atención qué es lo que se está experimentando, a identificar los componentes de la emoción (disparadores, sensaciones corporales, impulsos de acción) y a poder nombrarlas.
  • Lee las emociones: para esto es necesario que el terapeuta conozca bien al paciente y esté familiarizado con su cultura y contexto. Leer las emociones implica que con pocos elementos –como el evento precipitante o cierta postura corporal- el terapeuta puede darse cuenta de cuál es la emoción que puede estar sintiendo el paciente y comunicárselo a modo de hipótesis. Esto es casi siempre validante ya que comunica que la respuesta emocional del paciente es normal y entendible.
  • Comunica la validez de la emoción: el terapeuta comunica que esa experiencia emocional es comprensible. Existen dos tipos de comprensión que puede comunicar. La primera es comunicar que la mayoría de las personas responderían a la situación disparadora de la emoción de la misma manera. La segunda es comunicar que la emoción es comprensible dadas sus experiencias pasadas de aprendizaje –incluso cuando otros hubieran reaccionado diferente, es entendible dentro de ese contexto.

Validación en la vida cotidiana

Podemos definir entonces a la validación como una práctica de aceptación profunda de las emociones del otro sin juzgar, sin aconsejar, sin intentar cambiar nada en ese momento. Cuando validamos, corroboramos la importancia de lo que siente la otra persona y lo tomamos como algo legítimo. En definitiva: comunicamos que nos importa su experiencia.

No tenemos que estar de acuerdo para validar, ni pensar que nosotros reaccionaríamos igual. Tampoco es necesario que nos parezca lógica la respuesta emocional. Si asumimos que todas las respuestas emocionales son producto de una historia de aprendizaje y un contexto particular, podremos entender que son siempre válidas, aunque no comprendamos del todo esa respuesta particular.

Tenemos muy buenas razones para practicar validación con las personas que tenemos a nuestro alrededor. La validación construye confianza y aumenta la intimidad en los vínculos, disminuye la sensación de aislamiento y alienta a que el otro experimente y acepte sus emociones.

La práctica de la validación suele generar también un aumento de la capacidad para la auto-validación emocional. Respetamos las emociones de los otros y también las propias, aceptándolas como parte de la experiencia de ser humanos.

¿Cómo la practicamos?

 

1) Prestando atención, escuchando al otro, mirándolo a los ojos: escuchar lo que dice atentamente, observar sus gestos, su tono de voz, su postura corporal; estar atento a lo que el otro expresa sin pensar en la respuesta que darás.

2) Aceptando con mente abierta la experiencia emocional del otro: cualquiera que sea la emoción que está sintiendo, es su emoción, y puede incluso ser dolorosa pero eso es parte de la condición humana. Es importante hacer lugar a todas las emociones, todas tienen un sentido.

Cuando validamos, corroboramos la importancia de lo que siente la otra persona y lo tomamos como algo legítimo

3) Identificar las emociones del otro y dar una respuesta empática sin aconsejar: aconsejar implica que algo de la situación debe cambiar, muestra que nos cuesta tolerar la presencia de la experiencia emocional. Si la otra persona no ha pedido consejo, darlo puede resultar invalidante ya que puede dejar ver que consideramos que el otro no sabe cómo resolver sus problemas.

4) Ofrecer compañía: ofrecele permanecer a su lado durante la experiencia emocional; si no estás seguro de que eso es lo que el otro desea podés preguntar si desea estar solo, si quiere hablar sobre eso o si hay algo puntual que puedas hacer en ese momento. Es importante no emitir juicios ni valoraciones en esos momentos y estar dispuesto a dar no lo que uno cree que es mejor sino lo que es mejor desde la perspectiva del otro.

Una de las razones por las que nos cuesta tanto validar las emociones del otro es la ansiedad que sentimos por ayudarlo a sentirse mejor –y, de paso, sentirnos mejor nosotros. Nos cuesta hacer lugar a las emociones, en especial cuando son dolorosas o displacenteras. Nos duele que al otro le duela, que esté triste, que esté enojado y nos cuesta tolerar estar ahí para simplemente acompañar. Pero el riesgo de querer ahogar rápido esas emociones es alto: podríamos enseñar sin quererlo que las emociones dolorosas no deberían estar ahí, cuando en realidad son parte ineludible de la vida; podríamos estar comunicando que el otro no sabe cómo llevar una vida sin dolor, lo cual es en realidad una meta inalcanzable.

PARA FINALIZAR: no hay experiencias emocionales “positivas” sin las “negativas”. Quien no está dispuesto a sentir y aceptar el dolor poco a poco va perdiendo la capacidad para experimentar felicidad y alegría (Luciano Soriano & Salas, 2006). En este sentido, uno de los mejores regalos que podemos ofrecer es dar lugar a las emociones del otro –y a las propias-, las que fueren, porque todas contienen algo de verdad y de sentido y merecen ser experimentadas completamente.

Referencias: Linehan, M. (1993). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. New York: NY: Guilford Press. Luciano Soriano, M., & Salas, M. (2006). La terapia de aceptación y compromiso (ACT): Fundamentos, características y evidencia. Papeles Del Psicólogo, 27(2), 79–91. Imagen: Changedbychrist

Fuente: http://www.psyciencia.com

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“Crece la terapia online: la usan uno de cada tres psicólogos.” (Clarin)

Nota publicada en el Diario Clarín el 06/08/12

Recurren al chat o Skype. Y más pacientes eligen esta modalidad por falta de tiempo o para evitar el estrés del viaje al consultorio. Afirman que es tan efectiva como la presencial. Qué tener en cuenta.

La terapia psicológica online en la Argentina tuvo su primer capítulo con la crisis de 2001/2002, que llevó a miles de personas a emigrar buscando nuevas oportunidades laborales y recurrieron al chat o al Skype para poder continuar las sesiones con su terapeuta. Pero desde entonces no dejó de crecer y hoy ya uno de cada tres psicólogos atiende a través de Internet. La famosa “Villa Freud” se está mudando a la Web.

Terapia Online“Hay terapeutas que prefieren el chat u otros que preferimos Skype, pero muchas usamos veces ambos. Cuando un paciente siente vergüenza de contar algo, le ofrezco la opción de que lo escriba y trabajemos ciertos contenidos por chat. En la psicoterapia online el paciente y el terapeuta no se encuentran en el mismo lugar físico, pero tienen un punto de encuentro psíquico ”, explica la licenciada Adriana Guraieb, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Migraciones de los pacientes, actividades laborales que les exigen viajar en forma continua, falta de tiempo para ir al consultorio del terapeuta, la distancia para desplazarse hasta allí o las complicaciones del tránsito son las principales causas que explican este auge. Y también el conocimiento y el acceso a la tecnología a través de las redes sociales, que posibilitó que sean los adultos jóvenes quienes más utilizan este tipo de servicio, cuentan en la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA), entidad donde ya el 35% de sus miembros atiende por esta vía.

Según los especialistas que atienden de esta forma, estos tratamientos representan entre el 15% y el 50% del total de su actividad . Si bien en nuestro país no existen estadísticas, un estudio de la Clínica Mayo de Estados Unidos relevó que esta modalidad tiene más aceptación en personas de entre 25 y 55 años, especialmente en las mujeres que trabajan. Aquí los terapeutas conceden que el perfil es similar.

“La modalidad online responde a una necesidad imperiosa de nuestra sociedad de poder recibir apoyo y mantener una terapia a pesar de las dificultades del medio ambiente y de la vida agitada de nuestros días . Mis pacientes online han avanzado en sus vidas de una forma que tal vez no sería posible si tuvieran que trasladarse físicamente al consultorio”, dice la licenciada Beatriz Bergman, psicóloga clínica y máster en programación neurolingüística. Terapeutas y pacientes destacan que de esta forma se ahorra mucho del estrés que hoy implica llegar al consultorio y que la flexibilidad horaria facilita la continuidad del tratamiento (ver Testimonios abajo).

La terapia online suele tener la misma duración que la convencional (entre 30 minutos y una hora por sesión dependiendo del terapeuta). Los costos son iguales que en las sesiones cara a cara. “La frecuencia varía de una a cuatro sesiones semanales en función de la necesidad de cada persona. Como parte del encuadre, les aclaro que yo trabajo en mi consultorio y les pido a los pacientes que también lo hagan siempre desde el mismo lugar”, puntualiza Liliana Manguel, psicoanalista y miembro titular de APdeBA.

Terapia Online hombreEl “contrato” y el “encuadre”, afirman los especialistas, deben ser siempre acordados y por eso recomiendan realizar varias entrevistas de prueba para constatar si la terapia será factible en cada caso. También aseguran que la pérdida del contacto cara a cara no influye en el resultado del tratamiento . Manguel explica que en este abordaje no se habla de ausencia fáctica, sino de una presencia diferente. “La falta de contacto corporal, visual y olfativo lleva a que se agudicen otros sentidos como el auditivo. Lo que también resulta diferente es el tema de los silencios. Muchas veces a la distancia son más difíciles de tolerar. Es importante diferenciar si son resistenciales, para reflexionar o comunicar algo, o si es que simplemente se cortó la línea ”, dice.

Sin embargo, la licenciada en psicología Adriana Martinez, coordinadora asistencial de la Fundación Buenos Aires, tiene una mirada más crítica y sostiene que es importante como analista tener en claro qué se pierde en la situación virtual. “Eso, más allá de lo obvio, debo evaluarlo con cada paciente, caso por caso. Estar muy advertido de que, las más de las veces, este tipo de tratamientos resultan inviables por diferentes motivos. Y actuar con responsabilidad, fijar reglas claras para el funcionamiento. Por eso es indispensable contar con la posibilidad de ver al paciente personalmente, aunque sea esporádicamente”, concluye. Es importante estar alerta al profesionalismo de los analistas para evitar caer en improvisados y también poder tener siempre un camino alternativo de contacto entre el terapeuta y el paciente.

 

Algunos testimonios.

“Te olvidás de que estás conectado a la computadora”

Ernesto Saloni (40) es licenciado en administración de empresas y trabaja en una empresa multinacional. Por sus ocupaciones laborales se ve obligado a viajar frecuentemente al exterior y esto lo hacía perder la cotidianeidad de las sesiones. Por eso, desde hace un año empezó a recurrir a la terapia online y asegura que le dio muy buenos resultados.
“Esta flexibilidad es muy útil para mí, dada mi necesidad de viajar y la diferencia de los husos horarios. En Buenos Aires me conecto desde mi casa y a veces también lo hago desde la empresa, en una sala que reservo para mí. Cuando viajo me conecto típicamente desde la habitación del hotel en el que me estoy hospedando”, cuenta este ejecutivo.
Ernesto es otro paciente convencido que no duda a la hora de recomendar esta terapia, y también él sostiene que no hay que tenerle miedo a la tecnología: “Llega un momento en que te olvidás de que estás conectado con la otra persona por una computadora. Es como si estuvieras en la misma habitación con tu terapeuta”. A él también lo “descontracturado” del tratamiento le funciona: “Hacerlo en el ambiente relajado de mi casa o de la habitación del hotel me da mejores resultados que estar pensando que tengo que salir del consultorio y enfrentar el tráfico. Además puedo tomar mate durante la sesión, lo cual me ayuda a relajarme y sentirme bien”, concluye.

“No viajar es un gasto menos de energía”

Cecilia Bonel (50) es viuda, luego divorciada, tiene una hija de 12 años y desde hace tres sigue una terapia online con su psicoanalista. Cuenta que a la hora de iniciar la sesión se encierra en el dormitorio de su casa, y que durante 45 minutos lo convierte en la extensión del consultorio/diván.
“Elijo esta terapia por convicción y compromiso con mi gimnasia psicoanalítica. Me encuentro trabajando a 100 kilómetros del consultorio de mi analista y frente a esta coyuntura opté por continuar mi tratamiento por la vía online”, cuenta.
Cecilia, licenciada en comercio internacional, rescata la importancia de haber vivenciado unos años de terapia presencial con su analista para poder animarse a probar con ella esta nueva metodología con la intermediación de Internet. “Nuestro vínculo se desarrolló y cimentó con mis visitas semanales de tal forma que hoy en día no encuentro diferencias y en todo caso siempre semejanzas entre una y otra forma”.
Ella está convencida de que el principal beneficio de esta terapia es que le proporciona “un motivo menos de estrés. Se me hacía muy difícil continuar con mi terapia presencial considerando las distancias, el tránsito y sus cotidianas complicaciones y demoras. Es un gasto menos de energía que puedo derivar al resto de mi vida”, finaliza.

“Puedo tomar mate o un café y usar pantuflas”
Gloria Ferrari (51) es soltera, profesora nacional de inglés y licenciada en lengua inglesa. Tras cuatro años de hacer terapia cara a cara con su analista, en febrero de este año la profesional le sugirió la posibilidad de empezar con los encuentros vía Skype, en sesiones que duran una hora.
“Esta terapia me permite libertades de horario porque se puede flexibilizar de acuerdo a las necesidades del paciente. Además me resulta muy cómodo porque al estar en mi casa también me permite tomarme ciertas ‘libertades’ que no puedo tener en el consultorio”. ¿Cuáles son estas libertades? Gloria asegura que mientras charla con su analista, puede tomarse un café o cebarse unos mates, “o incluso fumar un cigarrillo o ir al baño. Además, el código de vestimenta es menos formal, ya que en casa puedo estar en ropa deportiva o hasta usar pantuflas”.
Gloria es una ferviente defensora de la terapia online. “La recomiendo puesto que se adapta a las necesidades de una sociedad que vive corriendo y carece de tiempo físico para trasladarse a un consultorio. No hay diferencias en cuanto a los resultados. El compromiso terapeuta-paciente es el mismo. Creo que el único tema es que las personas deben perder el miedo a la tecnología para animarse a este tipo de terapia”, sugiere.

POR ALEJANDRO GORENSTEIN
Nota publicada en el Diario Clarín el 06/08/12

http://www.clarin.com/tendencias/Villa-Freud-Web_0_750524996.html

 

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