“Salir del dolor de perder a un hijo para ayudar a otros.” (LA NACIÓN)

Quiero compartir con ustedes esta hermosa nota realizada por Iván Pérez Sarmenti, corresponsal del Diario La Nación a referentes de organizaciones que brindamos apoyo a padres de hijos fallecidos. En orden estamos: Alicia y Gustavo Berti (fundadores de Renacer), Clr Jessica Ruidiaz (fundadora de Fundación Era en Abril), María Esther Rodríguez (Fundadora de Fundación María Cecilia de ayuda al niño oncológico) y Silvia Irigaray (Asociación Madres del Dolor).

Padres que a causa de sobrellevar el peor duelo deciden resignificar el sufrimiento para contener a pares que atraviesan la misma situación o para evitar que otros chicos tengan el mismo destino que tuvieron sus hijos

Por Iván Pérez Sarmenti  | Para LA NACION

Todos coinciden en que es un dolor tan grande que nadie se anima a ponerle nombre. No hay manera de nombrar a un padre al que se le murió un hijo. Y aunque sumidos en lo peor que pudo pasarles en la vida, muchos decidieron construir desde la pena para ayudar a otros pares que atraviesan la misma situación o para evitar que otros chicos tengan el mismo destino que tuvieron sus hijos.

Con esa premisa, una de las primeras organizaciones que se fundó en la Argentina fue el Grupo Renacer, creado en 1988 en Río Cuarto, Córdoba, por iniciativa de Alicia Schneider y Gustavo Berti, papás de Nicolás, fallecido en un accidente a los 18 años. Hoy tiene sedes en casi toda la Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Panamá, México y España.

“La muerte de un hijo es un enigma y el hecho de que no tenga un nombre te obliga a buscar algo más allá de lo conocido y del duelo. Nosotros planteamos una respuesta trascendente: salir de nuestro dolor para ayudar a otros que sufren”, explica Berti.

Renacer es un grupo de ayuda mutua donde no hay ninguna jerarquía ni institucionalización, y está basado en la logoterapia, la escuela de psicoterapia vienesa de Viktor Frankl que se centra en encontrarle sentido a la propia vida tal cual es, aun en las situaciones más difíciles. “Tenemos que transformar la tragedia en un triunfo personal, en un logro humano”, continúa Berti, que desde hace 15 años dejó la neurocirugía para convertirse en logoterapeuta.

“Toda nuestra tarea es gratuita y buscamos un paradigma que nos cobije a todos, independientemente de la edad y causa de muerte de nuestros chicos, y está abierto a padres, abuelos y todo aquel que sufre por la muerte de nuestros hijos”, afirma Berti, que marca una diferencia sustancial con otros grupos: “Las asociaciones que se agrupan en torno de una causa de muerte están en contra de algo que quieren revertir; nosotros queremos armar una memoria colectiva a favor de la vida”. Renacer este año festejara sus 25 años en noviembre con un encuentro en Huerta Grande, Córdoba, al que ya confirmaron su asistencia más de 600 personas y donde una vez más, entre todos, intentarán buscarle un sentido a la tragedia.

Aliviar la pena

Jessica Ruidiaz en Suelta de Globos Planetario de Bs AsSe me ha hecho pedazos mi sueño mejor, se ha muerto mi niño , dice la letra de Era en abril, la canción de Jorge Fandermole, y Jessica Ruidiaz se sintió completamente identificada cuando la escuchó. Unos días antes, el 27 de abril de 2006, había fallecido Sofía, su beba de tan solo dos meses, y ella sumida en el dolor más grande, decidió buscar ayuda porque necesitaba contención para poder aliviar su pena.

“Me sentía incomprendida. El psicólogo no me alcanzaba, la gente no sabía cómo ayudarme y trataba de minimizarlo, de distraerme para que estuviera mejor, pero yo terminé con ataques de pánico porque necesitaba evacuar mi dolor y llorar”, explica Jessica, que a partir de su experiencia creó Era en Abril, la primera organización en América latina que provee ayuda a los padres de bebes fallecidos en el embarazo, en el parto o después de nacer.

Se decidió a crear su propio espacio porque no encontró ningún grupo específico para padres que habían perdido bebés. Una de las personas con la que más se identificaba era Adriana, mamá de Franco, a quien conoció en el sanatorio porque sus hijos estaban internados uno al lado del otro y fallecieron con pocos días de diferencia.

“Con ella hicimos el duelo juntas, hablábamos todos los días por teléfono, llorábamos, recordábamos a nuestros bebés y unidas fuimos saliendo adelante”, recuerda. Y así pensó que era necesario hacer un grupo específico donde poder encontrarse y apoyar a otros padres que pierden un hijo. “Tomé esa tarea como propia, como la misión que me dejó Sofía”, afirma.

IMG_0427 (Copiar)“Empezamos las reuniones presenciales en mi casa, que se extendían hasta las 12 de la noche y llegábamos a ser 12 personas en mi pequeño departamento por reunión semanal”, recuerda.

Hoy cuentan con sedes en 11 estados de México, Venezuela, Chile y Estados Unidos, y reciben sólo en la Argentina entre 60 y 100 consultas todas las semanas. Además, este mes comienzan a dar charlas en el Hospital Materno Infantil de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, no sólo para ayudar a los padres, sino también a los profesionales para que sepan cómo enfrentar esa situación.

“Luego de que te dan la noticia, el momento más duro es irte del sanatorio con las manos vacías. Es la sensación más fea del mundo -explica Jessica-. Los obstetras, que se preparan para traer vidas al mundo, tampoco saben qué hacer en ese momento. Es duro para todos, no sólo para los padres.”

Era en Abril no cuenta con ninguna ayuda oficial y se mantiene gracias a bonos contribución de sus participantes. Pero de todas maneras tratan de brindar lo más importante que necesita un padre en ese momento: un hombro donde llorar hasta poder, de a poco, acostumbrarse a convivir con el dolor.

Oncología infantil

La leucemia es el cáncer que se da con más frecuencia en los niños y es el que padeció María Cecilia Trotta, a quien le habían indicado un trasplante de médula. Y aunque encontraron un donante compatible en Israel, y gracias a una colecta que realizaron sus padres con el apoyo de la comunidad de Beccar (al norte del conurbano bonaerense) pudieron juntar el dinero necesario, no logró vencer la enfermedad y falleció el 10 de abril de 1991.

Sus padres, María Ester Rodríguez y Osvaldo Trotta, que habían logrado juntar 80 mil dólares, decidieron hacer un plebiscito entre los que habían colaborado para decidir el destino de ese dinero que no habían podido usar.

“Esa plata no era nuestra”, afirman estos padres, que comenzaron a reunirse con otros que habían vivido la experiencia de tener un hijo con esa enfermedad y decidieron crear la primera fundación pediátrica latinoamericana con un servicio propio de oncología infantil dentro de un hospital público municipal.

Así nació la Fundación María Cecilia de Ayuda al Niño Oncológico, que hoy funciona dentro del Hospital Materno Infantil de San Isidro con cuatro médicos que ellos costean.

“El hospital nos presta el lugar y nos brinda el servicio de internación”, explica Sol, hermana de María Cecilia. Ella trabaja en la fundación y percibe un sueldo, a diferencia de sus padres, que si bien son los fundadores y el alma del proyecto, jamás tocaron un peso.

Osvaldo es remisero y María Ester, artesana, y viven de su trabajo porque ellos mismos establecieron que nadie de la comisión directiva puede recibir un sueldo de la organización.

“Todo lo que recaudamos es para ayudar a los chicos y queremos ser absolutamente transparentes”, explica Osvaldo durante una mañana en el bar del hospital, luego de haber trabajado toda la noche. Está sin dormir, pero accedió acercarse al hospital para contar su historia a la nacion, aunque él y su mujer aún hoy, a más de 22 años de la muerte de su hija, eviten volver al hospital y, sobre todo, al área de internación.

“Nosotros hacemos lo que haga falta, pero venir y ver a los chicos internados aún hoy nos hace muy mal. Enseguida viene el recuerdo de todo lo que pasamos con María Cecilia”, confiesa Osvaldo.

Hoy, la Fundación María Cecilia atiende más de 3.500 consultas por año y allí, cuatro de cada cinco chicos con leucemia logran curarse. Todo se realiza sin aportes ni subsidios oficiales, sólo con la ayuda de particulares y de lo que recaudan a través de distintas actividades, como el recital que Valeria Lynch realizó el 30 de septiembre en el Teatro Nacional de Buenos Aires a beneficio de la fundación.

Pero como explica María Ester, no todo es dinero: “Necesitamos plata para sostener el servicio y los remedios para los chicos, pero sobre todo necesitamos manos dispuestas a ayudar. A veces es necesario conseguir un remedio o arreglarle la casa a un chiquito de bajos recursos para que pueda volver a su casa”.

Búsqueda de justicia

Maximiliano Tasca tenía 25 años cuando fue asesinado en 2001 junto a otros dos chicos en una estación de servicio en Floresta por un suboficial retirado de la Policía Federal. Ese fue el golpe más duro para su mamá, Silvia Irigaray, pero lo primero que hizo apenas lo vio tirado en el piso fue llamar al Incucai para tratar de donar sus órganos. Así, las corneas y las válvulas del corazón de Maxi pudieron ir a personas que estaban esperando un trasplante.

“Ahí se marcó mi camino. Empezó otra vida, completamente distinta y con mucho dolor”, recuerda Silvia. Luego se dedicó a lograr que el asesino de su hijo fuera condenado y en ese camino fue conociendo a otras madres que habían perdido a sus hijos en distintos hechos de violencia.

“El dolor es tan enorme, pero después tenés que ver qué hacer: podés dar vuelta la página y no saber más del tema, como conozco a muchísima gente que lo hizo. A mí me haría daño no hablar de Maxi, no hacer algo.”

Con esa premisa junto con un grupo de madres crearon la Asociación Civil Madres del Dolor, para brindar asistencia y contención a familiares de hechos violentos.

“Hacemos esto porque estamos vivas, porque queremos a nuestros hijos y para que haya la menor cantidad de padres que sufran esto -explica-. Lo más importante que hacemos es contener. Cuando llama una mamá, primero la escuchamos y después la aconsejamos: llorá, pero también ocupate de ir a la fiscalía, de buscar los testigos. No podés perder más de 72 horas porque si no no podés demostrar cómo fue el hecho.”

Estas madres encontraron en la búsqueda de justicia una esperanza. “La justicia es sanadora. Por eso les pido a las familias que luchen por la justicia porque eso las va a aliviar. Pero yo también les tiro de las orejas a los jueces. Esa es la función de Madres del Dolor: primero contener y luego asesorar, y decirles para que tu hijo no sea sólo un expediente, el fiscal tiene que conocer tu cara.”

A casi doce años del asesinato de su hijo, Silvia sabe que “la vida ya no es la misma”, pero se aferra a los afectos que quedaron: su otro hijo y su nieto, Tomás. Pero también a todo aquel que necesita ayuda, porque participa en todas las acciones solidarias a las que la invitan y hasta se disfraza de payaso junto a los Payamédicos para darle alegría a los chicos que están enfermos.

“El dolor lo convertimos en esta lucha. Para mí es sanador. Y aunque hay dolor todos los días, también pasan cosas lindas, como que te agradezcan. Es triste el puente por el que llegaste a esto, pero es lindo batallar”, finaliza..

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1628163-salir-del-dolor-de-perder-a-un-hijo-para-ayudar-a-otros 

RENACER: (Grupos de ayuda para padres que enfrentan la muerte de hijos)
https://gruporenacer.wordpress.com/

FUNDACION ERA EN ABRIL: (Organización que brinda apoyo a padres de bebés fallecidos en el embarazo, parto o después de nacer)
http://www.eraenabril.org

FUNDACION MARIA CECILIA: (Ayuda al niño oncológico)
http://www.fmc.org.ar/

ASOCIACION MADRES DEL DOLOR: (Asistencia y contención a familiares de hechos violentos)
http://www.madresdeldolor.org.ar/

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Counseling: Terapia psicológica para atravesar el duelo.

Counseling en duelosEl ‘counseling’ o ‘asesoramiento psicológico’ es una terapia procedente de la Psicología Humanística que explica cómo enfrentar la pérdida de un ser querido y la mejor manera de ayudar a quienes la sufren. Se trata de un método muy conocido en los países anglosajones y que practican desde 1997 en España los expertos José Carlos Bermejo y Consuelo Santamaría, que ahora explican sus claves en el libro ‘El Duelo’, lanzado por la editorial La Esfera de los Libros.

Según ha explicado a Europa Press Bermejo, director general del Centro de Humanización de la Salud San Camilo de Tres Cantos (Madrid), en la sociedad actual la mayoría de las personas “interiorizan el duelo, se lo llevan a casa”, ya que se han desaparecido los métodos que empleaban antes para “socializar” este dolor.

 “Paradogicamente, en la sociedad actual ha aumentado la solidaridad con la persona que tiene un duelo en el primer instante de la pérdida. Cada vez va más gente a los entierros”, dice Bermejo, master en Bioética, en gestión de centros sanitarios y responsable del master en ‘counseling’ que se imparte en Madrid y en la Universitat Ramón Llull, de Barcelona.

 

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Clarin: El counseling, otra modalidad en alza.

Clr Guillermo AriasEl counseling, una profesión de ayuda que asiste a las personas en momentos de crisis y cambio, también está creciendo en la Argentina. Los especialistas en la consultoría psicológica dicen que la gente busca resolver sus conflictos en un lapso más breve (los procesos duran de seis a doce meses) y de forma no tradicional, en vez de acudir a un psicoterapeuta.

Se estima en un 20% el aumento de las consultas y de la cantidad de estudiantes que eligen esta carrera, que dura tres años. Hay más de 20 instituciones donde se dicta, reconocidas por el Ministerio de Educación.

El counseling nació como disciplina en los Estados Unidos y en Europa hace más de 60 años. Hoy está en 35 países. A nuestro país llegó a fines de los ‘80 y la carrera fue reconocida oficialmente en 1992. Es una herramienta dirigida a asistir a personas que no tienen psicopatologías y que necesitan contención emocional en situaciones críticas, sin pretender interpretarla ni juzgarla. Son procesos breves en los que se prioriza lo inmediato más que el pasado.

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Infobae: ¿El counseling desbanca al psicoanálisis?

Esta nueva técnica se encuentra en la Argentina desde 1987, pero explotó en los últimos años. Ofrece a las personas herramientas para que aprendan a solucionar sus problemas. Infobae.com te cuenta de qué se trata y en qué se diferencia de la psicología.

counselingLa Argentina es un país muy “psicoanalizado”: la terapia freudiana suele ser la respuesta a cualquier problema de desarrollo individual o colectivo de la persona. No obstante, desde hace algunos años se ejerce en el país el counseling, una alternativa a la psicología que, en última instancia, intenta que los sujetos alcancen los mismos objetivos. Aunque, aclaran los counselors, con diferentes herramientas.

Infobae.com dialogó con Andrés Sánchez Bodas, introductor del counseling en la Argentina y director general de la primera Escuela Argentina de Counseling, sobre las características de esta técnica.

“El counseling es una ‘profesión de la ayuda’ que facilita la resolución de problemas existenciales y promueve el desarrollo de las potencialidades de los consultantes”, explicó el especialista.

Si de identificarlo se trata, Sánchez Bodas habla de consultoría, orientación y consejería. “Es la disciplina de ayuda que integra, de manera científica y creativa, conocimientos del campo de la educación, la sociología, el trabajo social, la psicología, la filosofía, la teología, y la antropología, con la intención de asistir a un ser humano, a una pareja, una familia, un grupo o una organización que presente alguna traba o distorsión en su proceso de crecimiento, desarrollo y despliegue de las condiciones potenciales que posee”, indicó.

Sus objetivos son, entonces, la promoción del bienestar individual, y social comunitario; la prevención y asistencia ante problemas y/o conflictos personales y vinculares debilitantes del  bien estar individual y relacional; y la facilitación en procesos de desarrollo personal, para promover el despliegue de los potenciales humanos.

Nacida en los Estados Unidos en la década de 1930, asiste a aquellos “con problemas y conflictos que producen malestares existenciales, dificultando su calidad de vida”.

Características de la técnica

Según explicó Sánchez Bodas, se trata, en principio, de una modalidad dirigida a personas o grupos que no presenten patologías psíquicas o mentales. “Es un proceso de ayuda que se focaliza en la facilitación de la resolución de problemas y el desarrollo personal“, sostuvo.

Por lo tanto, la técnica se centra “en la persona, en su percepción de sí misma y de la realidad, con la idea de favorecer una mejor mirada sobre sí”.

Para ello, un counselor trabaja cara a cara, con recursos verbales, imaginarios y corporales.

El counseling se basa en la hipótesis de que los humanos, como seres vivos,  poseen una tendencia a actualizar sus potenciales, crecer y desarrollarse, denominada “Tendencia Actualizante”. Según rezan los entendidos, ésta es muchas veces desfavorecida por vínculos tóxicos. Entonces, establecer una relación de ayuda en donde el consultante se encuentre y vivencie un clima libre de amenazas y de total aceptación permite que aquello que lo ha trabado se disuelva y la tendencia vital fluya activa hacia un  funcionamiento más pleno y satisfactorio de la persona.

Diferencias y semejanzas con el psicoanálisis

Frente a esta descripción, es inevitable pensar en lo cercano que el counseling está del psicoanálisis. No obstante, las similitudes no serían tantas.

Sánchez Bodas aclaró, en principio, que “el counseling es una profesión en sí misma, con su propia formación e identidad de rol, que no deriva de la psicología sino del trabajo social y la educación y no hay que ser psicólogo para ejercerla” sino diplomarse en los institutos terciarios avalados por el Ministerio de Educación de la Nación.

Con respecto a los lazos que pueden establecerse con la terapia freudiana, el experto destacó que comparten “muchas similitudes en tanto es una relación profesional que pretende la autoexploración para conocerse y llevarse mejor consigo mismo y los demás”, además de ambas ubicarse en la vereda de enfrente del cognitivismo conductual. Sin embargo, aclaró que “difieren en su metodología y en su filosofía del hombre”.

Según dijo, el counseling “no es una terapia en tanto no pretende curar, sino un proceso de ayuda para el desarrollo personal”. Es por ello que “trabaja más en el presente que en el pasado: no utiliza la interpretación, genera de ser posible una relación de persona a persona, no directiva, no dirigida, que no busca la dependencia del consultante“.

“Considera –agregó- que quien más sabe de sí es el que consulta, y que el profesional sólo debe acompañar facilitando con recursos profesionales que el o los consultantes se autoperciban mejor, se saquen los ‘velos’ que les impiden autoreconocerse”.

Frente a esto, el counseling “no pretende reemplazar al psicoanálisis, porque trabaja con otra intencionalidad”, afirmó Sánchez Bodas.

En cuanto al enfoque filosófico, se orienta al fenomenológico existencial, “lo que implica el saber que detrás de toda problemática humana, sea cual sea, está siempre la autopregunta por el sentido de la vida”.

Todos estos rasgos hacen, para Sánchez Bodas, que las personas puedan acercarse al counseling o al psicoanálisis alternativamente pero no en simultáneo.

“Eso confunde. Sí puedo decir que prueben, que tengan  entrevistas y elijan lo que les caiga mejor, lo que sientan que más las ayuda. No se compren lo primero que le sugieran, busquen y elijan, y sepan que si bien los saberes son importantes, lo que más les va a ayudar es un vínculo de confianza con el o la profesional, en el cual se sientan escuchados, no juzgados ni rotulados. Básicamente elijan donde sientan que los comprenden y acompañan con calidez, y solos van a encontrar la salida del laberinto existencial en que se encuentran perdidos”, finalizó el especialista.

Por Barbara Roesler

Fuente: http://saludable.infobae.com/%C2%BFel-counseling-desbanca-al-psicoanalisis/

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La Nación: “El auge de la terapia corta que resuelve crisis”

Noticia publicada en el Diario La Nación, Junio de 2008.

Counseling,  la disciplina de moda. A diferencia del psicoanálisis, no interpreta a la persona.

Lic. Andrés Sanchez Bodas durante una claseSusana Ingrid Joski, de 52 años, madre de dos hijos, aseguró que el hecho de acudir a una terapia de  counseling  le cambió la vida, y reconoció sentir un profundo agradecimiento por esta disciplina, que propone una forma diferente de las psicoterapias tradicionales para superar situaciones puntuales de crisis.

“Ahora siento que vivo en un momento pleno”, contó Susana, quien se definió como una persona “común” que pasó por circunstancias difíciles. Acudió por primera vez a un consejero (Counselor) hace tres años, poco tiempo después de haberse divorciado. “Ese –dijo– fue el primer motivo que me impulsó a recurrir al  counseling,  luego de reiteradas sesiones con un psicólogo que me buscaba la vuelta a todo y me hacía revisar continuamente mi pasado. Estaba en crisis.”

Tanto le apasionó a Susana descubrir esta profesión que decidió cursar la carrera, y ya terminó los dos primeros años en una de las veintidós instituciones donde en la actualidad se dictan cursos de esa disciplina, reconocidas oficialmente por el Ministerio de Educación.

En la Argentina el  counseling  está creciendo, pues muchas personas optan hoy por resolver sus conflictos en un lapso más breve y de forma no tradicional, en vez de acudir a un psicoterapeuta. Para Eduardo Blacher, ex presidente de la Asociación Argentina de Counselors (AAC), el  counseling  “es una profesión de ayuda que asiste a las personas en momentos de crisis y cambio”. Según Ricardo Sotillos, director académico del Instituto Argentino de Consultores Psicológicos, “es una disciplina de ayuda interventiva y preventiva; el  counselor  realiza entrevistas con personas o grupos que viven un momento de desorientación o crisis”.

El  counseling  nació como disciplina en los Estados Unidos y en Europa en los años 30. En 1987, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo recomendó como el método más apropiado de ayuda, de apoyo y de prevención, y en el exterior ya es moneda corriente.

La función del  counselor  fue ampliando en los últimos años sus áreas de trabajo, que se basa en la teoría del psicólogo estadounidense Carl Rogers, que se centra en la persona. El  counselor  Guillermo García Arias, director de Holos Capital, destacó que el 95% de las consultas psicológicas en los Estados Unidos son atendidas por  counselors  , “ya que se trata de personas sanas con conflictos; sólo el 5% se trata de patologías debidamente derivadas a psicólogos y psiquiatras”.

 Datos locales

En nuestro país, la disciplina fue introducida por el licenciado Andrés Sánchez Bodas, que en 1986 creó la Escuela Argentina de Counseling. En 1992, el Ministerio de Educación oficializó la carrera. En 2001 había alrededor de cinco instituciones oficiales; en la actualidad, hay veintidós.

“En el país, desde hace seis o siete años el  counseling  es un boom. La tendencia al crecimiento de esta disciplina es notable y aumenta cada vez más. Antes había que explicarle a la gente de qué se trataba -dijo Sánchez Bodas, que estudió Psicología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y es director de Holos San Isidro y Epogé, Centro para el Desarrollo Humano-. Además, desde 2003 la cantidad de alumnos creció un 50%. La gente se dio cuenta de que era muy útil.”

En el país hay unos 6000 egresados y, según los expertos consultados, la cifra está en aumento. Sus objetivos son orientar, prevenir, ayudar a resolver conflictos y promover cambios para facilitar el desarrollo de las potencialidades y el crecimiento de quienes consultan. La empatía, la aceptación incondicional y la congruencia son las tres actitudes que Rogers consideró necesarias en los profesionales.

El  counseling  surgió como una herramienta dirigida a asistir a personas sanas que necesitan contención emocional en situaciones críticas. Según Sánchez Bodas, se diferencia de la psicoterapia tradicional por el modo como se trabaja: no se emite ningún tipo de juicio sobre los consultantes.

En el mismo sentido, Raquel Finkelstein,  counselor  y ex vicepresidenta de la AAC, opinó: “El  counseling  es un modo de acompañar a la persona y de escucharla, sin pretender interpretarla ni juzgarla”. Para Blacher, “es una salida a la resolución de conflictos de una manera más rápida, y desde la autogestión. Es decir, son procesos breves y no terapias tradicionales, en las que se prioriza la situación inmediata más que el pasado del consultante”.

La mayoría de los  counselors  son conscientes de sus limitaciones. La tarea principal tiene que ver con la escucha y el acompañamiento. “No atendemos psicopatologías porque no tenemos el conocimiento ni la formación para diagnosticar”, señaló Blacher. Y aclaró: “Algunos dicen que es una carrera  light  , o que hacemos un uso indebido del título de psicólogo. Pero no somos ni pretendemos serlo.”

Sotillos enfatizó: “Los  counselors  tenemos el ojo bien entrenado para advertir cuándo estamos por tocar los límites. Es decir, cuándo el consultante tiene alguna psicopatología. Para los problemas de fondo, está el psicólogo”. El licenciado Eugenio Pérez Soto, director del Centro Existencial de Logoterapia, destacó el rol orientador del  counselor  . “Debe tener la honestidad de derivar al psicólogo o al psiquiatra a personas con neurosis o a quienes no le encuentren sentido a la vida.”

 El secreto del éxito

Según Ana Garzón,  counselor  , esta disciplina sirve como catarsis. “Se aplican técnicas que permiten trabajar el enojo y la angustia. Las emociones están a flor de piel. La persona está sana, pero se la ayuda a descubrir cómo resolver sus problemas”, comentó.

En cuanto a cuál es la clave del éxito de la profesión, dijo: “Son procesos breves. Lo ideal es que la persona no tome al counselor como bastón, porque le costaría despegarse. Además, es más económico que otros abordajes”.

Según Sotillos, las consultas más frecuentes son por la baja autoestima, los problemas de pareja, la violencia familiar y las adicciones; también las referidas al síndrome de nido vacío o a la falta de motivaciones. Finkelstein agregó: “Acuden por problemas existenciales, temores, duda, desorientación”.

Sánchez Bodas comentó que un 70% de las consultas suelen ser por crisis matrimoniales y por problemas de vínculos. “El  counseling  toma a la persona desde la salud y no desde la enfermedad. La tarea es de escucha y de acompañamiento. No existe una técnica, porque cada persona es única y necesita un modo diferente para que lo acompañen”, agregó Blacher.

Hoy en día, los  counselors  comienzan a hacerse notar en los más diversos ámbitos: hospitalario, comunitario, educacional y laboral, y están integrándose al trabajo interdisciplinario.

Carlos Mascherpa, profesor de portugués, enviudó en 1997. En 2003 consultó a un  counselor  porque no quería trabajar. “Mi primer motivo de consulta -recordó- estaba relacionado con lo laboral, pero también con la autoestima y lo afectivo”. Gracias al counseling, contó, se siente seguro de mí mismo y puede hacer cosas que había considerado como imposibles de lograr.

Esta disciplina le brindó las herramientas necesarias para que él mismo encontrara la solución. Hoy, Carlos aspira a recibirse de  counselor  (empezó a estudiar la carrera, de 3 años, hace un año). Ansía poder trabajar ad honórem en hospitales o escuelas. “Tiene que ver con una necesidad personal y no económica”, concluyó entusiasmado.

Por Julieta Bravo  Para LA NACION

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1025452-el-auge-de-una-terapia-corta-que-resuelve-crisis

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