¿Estaré perdiendo la cordura?

.Cuando se trabaja con los dolientes, una de las preocupaciones más constantes es el cuestionamiento de sentimientos, emociones y reacciones hacia la pena.
Frecuentemente escucho “¿estoy enloqueciendo?” Ciertamente, el vasto y abrumador flujo de emociones puede sorprender a quienes se encuentran en las etapas iniciales de duelo. Puede ser aterrorizante, intimidante y confuso. Sin embargo, una de las razones fundamentales por las que los grupos de apoyo son tan efectivos ayudando a los padres al través de su duelo es la confirmación que prestan cuando otros comparten sentimientos y pensamientos similares. Parece que existe una sanación cuando los nuevos dolientes descubren que sus “pensamientos irracionales” no son anormales para los que experimentan una pérdida similar. He aquí algunos síntomas físicos y emocionales comunes para aquellos en duelo:

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“El Enfoque Centrado en la Persona y los hijos.” (Ana Goldenberg)

Quiero compartir con todos ustedes éste excelente artículo escrito por la Clr Ana Goldenberg acerca de los mitos y realidades del Enfoque Centrado en la Persona aplicado a la crianza. ¡Me sentí tan identificada! No quiero que se lo pierdan ya que puede ser de mucha ayuda.

“Cuando me veo como parte de un proceso, advierto que no puede haber un sistema cerrado de creencias ni un conjunto de principios inamovibles a los cuales atenerse. La vida es orientada por una comprensión e interpretación de mi experiencia constantemente cambiante”.

Carl Rogers

Olivia tiene un año. Yo tengo cuarenta y tres.

Lo malo de ser una madre vieja, además de los dolores lumbares y la poca resistencia al mal sueño, es que una tuvo muuucho tiempo antes, no solo para vivir la vida sin esclavitudes ni apegos ni miedos tan enormes… sino también para pensar, opinar y por qué no, juzgar lo que veía a su alrededor acerca de la crianza de los niños. Qué mal lo hacían todos, empezando por los propios padres. Y nuestras amigas, la señora que iba con ese chico por la calle y la vecina con su bebita también.

ECP y crianzaFlagelos tales como exigirle al niño más de lo que puede, depositarle expectativas e inseguridades propias y –Dios nos guarde– repetir errores de papá y mamá, eran cosas que no le ocurrirían a una. Porque una estaba prevenida. Una había observado y había pensado. Total… no estaba ocupada teniendo que criar un bebé.

Y después viene la criatura.

Cuando Olivia cumplió quince días, yo ya había cometido, magnificadas, la gran mayoría de las barbaridades que le había criticado a mi mamá. Es decir, lo que mi madre tardó cuarenta y dos años en perpetrar, a mí me tomó apenas dos semanas.

Ciertamente parir como si se estuviera enferma, en una institución, rodeada de desconocidos y en una camilla inmovilizante, reconozcamos, poco ayuda a lo que en nosotras mujeres queda de instintivo, de animal, de lo que fuera que se supone que debemos saber. Pero esa es parte de otra historia: la de cómo un acto que implica exactamente las mismas hormonas que su antecesor se convierte en su opuesto. O en castellano: que al compartir la misma fisiología, el acto de parir debería ser lo más cercano que conocemos al acto de concebir: intimidad, encuentro, placer. Pero repito, esa es otra historia.

Volvamos a Olivia y yo, que nos encontramos en un quirófano frío a la una y media de la mañana. Del instinto que se supone me condujo hasta ese momento… yo, ni noticias.

Entonces empecé a leer desesperadamente (en los minutos que Olivia me dejaba libres entre calmarle el llanto, amamantarla, dormirla, cambiarle los pañales, volver a calmarle el llanto y tratar de sobrevivir yo misma sin tomar un antipsicótico) todo tipo de literatura sobre crianza buscando una pista, un dato, ALGO que me explicara qué hacer con ese bichito hermoso e incomprensible que se acurrucaba en mi pecho con forma de ranita.

Entre todo lo que leí estaba la literatura del pediatra español Carlos González, a quien el padre de Olivia acusa de “enviado, sobornado y controlado por la mafia infantil” ya que está a favor de todo lo que el bebé pida: tomar la teta ciento cincuenta y ocho veces por noche, dejar de trabajar para dedicarse sólo al niño, que coma si quiere y si no, no, que duerma en la cama de sus padres… En definitiva, que sea el niño el que según sus necesidades, vaya marcando los ritmos. TODOS los ritmos.

González intenta contrarrestar la dureza del Dr. Estivill, autor del traumático “Duérmete Niño” (algo así como “Cúrtete, niño”) y que vendría a ser una especie de entrenamiento militar del bebé: tiene que aprender a dormir solo, en su cuarto, de tal a tal hora, y de tal y tal manera. Y que llore. Y así a comer. Y así a todo. Por supuesto, estas son reducciones salvajes y antojadizas de teorías y métodos más desarrollados, pero que en definitiva proponen más o menos lo que acabo de relatar. Gracias al cielo también están las Guías Inútiles Para Madres Primerizas (volúmenes 1 y 2), de Ingrid Beck y Paula Rodríguez, que todo lo relativizan y de todo (o casi) se ríen.

También, cómo no mencionarlas, existe un ejército de mujeres profesionales, vocacionales y ambas, que intentan contrarrestar la perdida de sabiduría de la tribu apoyando a sus congéneres, acompañándolas a parir a veces en sus casas y otras veces en las situaciones más hostiles, a veces apenas compartiendo una mirada, visitándolas en horarios imposibles (un sábado a las once de la noche por “emergencia de lactancia”, por ejemplo), juntándolas en grupos, atendiéndolas por teléfono aún sin conocerlas y tratando de ayudar como saben, pueden o creen. El problema es que entre ellas tampoco están de acuerdo: unas piensan una cosa y otras otra, otras algo parecido y otras simplemente te abrazan hasta que te sientas mejor. Mujeres enormes, madrazas o compañeras, que ostentan títulos como “doula”, “puericultora”, “especialista en crianza” o simplemente vocacionales del acompañamiento y la ayuda que no quieren o sienten que no deben dejarte sola. Entre ellas están (en Buenos Aires) las enormes Melina Bronfman, Roxana González, Graciela Scolamieri, Laura Krochik, Violeta Vázquez, Paula Chaqui… todas acreedoras, cada una en su medida, de un buen pedacito de la enorme sonrisa de Olivia. Pero de pedacitos diferentes que la madre (yo) fue juntando como pudo, como encontró, como le salió.

Entonces allí estamos: la pequeña creación que una apenas puede reconocer como propia de tan parte de una que la está sintiendo, y una. Cara a cara. Berrido a berrido. Esos ojos que son pura pregunta, y una sin ninguna respuesta que clasifique como “posta”. ¿La levanto o no la levanto? ¿Cuánta teta le doy? Y más tarde, ¿la obligo a comer ahora que no quiere y le niego la comida después? ¿O mejor le doy de almorzar a las cinco de la tarde porque me lo está pidiendo y si tiene hambre a las dos de la mañana me levanto y le caliento la vitina con quesito?

Cuando el bebé es chiquito, todos hablan del instinto maternal. Que si lo tenés, que si la cesárea o la sociedad de consumo te lo enajenaron, que si tiene razón la doula o el pediatra. Cuando ya es un poco más grande, es peor aún: qué pensás enseñarle que es la vida. Porque es eso lo que está en juego, y nada menos: lo que vos hagas con las necesidades, demandas y emociones de esa criatura, es lo que ella va a aprender que es la vida. Tranqui, no te sientas presionada, ¿eh? Vos relajá.

Y una, madre perdida entre la presión, el instinto, el enorme deseo de hacer feliz a esa maravilla que le cayó entre los brazos y los infinitos autores intermedios entre González y Estivill, se desespera buscando alguna verdad en la que pueda confiar. Y termina descubriendo, como siempre, que la única verdad en la que se puede confiar es… que no las hay.

En medio de toda esta confusión de hormonas, teorías y juicios, me encuentro con que ya no creo en muchas de las cosas en las que creía, con que muchas de las que no creía… bueno, por ahí no están tan mal, y que si tengo que buscar algo de qué agarrarme, una vez más aparece el Enfoque Centrado en la Persona de Carl Rogers, sentadito en la primera fila y sonriéndome con su infinita calidez.

Recapitulando:

En una nota anterior, hablamos de las tres condiciones básicas que el enfoque rogeriano considera imprescindibles para potenciar lo mejor de una persona. Empecemos por donde empecemos, las mismas tres parecen saludables a la hora de enfrentar los ojitos limpios, pestañudos y preguntones de la hermosa Olivia.

Aceptación Positiva Incondicional:

Olivia es una niña que ya tiene las cosas muy claras: quiere esto y esto no. Y su expresión de disgusto es severamente riesgosa para la audición de quien ande a menos de cien metros de distancia. Cuando la bella se molesta, sangran los tímpanos de todo el vecindario.

También hace una cantidad de cosas que resultan, digamos, inconvenientes: intenta barrer con la escoba que le golpea la cabeza con el palo (¿se lo imaginan?); se trepa al sofá y quiere bajar caminando, y en este mismo instante lucha por arrebatarme la computadora. Ahora explíquenme cómo se hace para aplicar esto de la aceptación positiva incondicional en vez de atarla a la cama hasta terminar de escribir.

Bueno, según Rogers, esta aceptación positiva nada tiene que ver con aprobar ni permitir cualquier cosa que manifieste el sujeto (en este caso, la sujetita). Si Olivia odia irse a dormir y por eso grita como si fuera una sirena policial, yo no tengo por qué aceptar que se quede despierta hasta las cinco de la mañana ni que me perfore el tímpano. Pero eso no significa que condene el hecho de que ella se sienta así.

Discriminar la conducta, el sentimiento y el JUICIO SOBRE AMBOS es algo tan fundamental como desafiante. Porque la verdad es que al decimoquinto grito uno la quiere matar, y punto.

O sea que mientras intento, como sea, pueda y la viveza criolla me aconseje, hacer que la criatura logre conciliar el sueño, trataré de que no sienta que la estoy juzgando por sentirse frustrada y enojada, solo que tendrá que procesar ese sentimiento y dormirse de una maldita vez.

Es importante que yo misma tenga presente que Olivia tiene derecho a sentir rabia porque tiene derecho a sentir lo que quiera, porque sus sentimientos son suyos, y que tiene derecho también a manifestar lo que siente siempre y cuando no sea de una forma destructiva. Esto significa también que, tal como lo explica Dorothy Corkille Briggs en su hermoso libro “El Niño Feliz”, intentaré proporcionarle medios saludables, constructivos e inofensivos para descargar su ira, su frustración o aquello que esté sintiendo, sin juzgar, opinar ni mucho menos condenar los contenidos de lo que exprese.

Aceptación positiva incondicional es entonces entender a tu hijo no como un animalito al que hay que domesticar enseñándole qué es bueno sentir y qué no, sino como alguien cuyo derecho a la individualidad y a la experiencia subjetiva hay que respetar y cuidar; enseñándole qué conductas son viables y cuáles no para procesar su propia vivencia.

Empatía:

A diferencia de lo que comúnmente se entiende por simpatía, la empatía rogeriana no se refiere a proyectar mis sentimientos, por buenos que sean, sobre la vivencia del otro (desear que se sienta mejor, pensar cómo ayudarlo, juzgar si tiene o no motivos para sentir lo que siente, etc.) sino de ponermeliteralmente en sus zapatos por un rato, mirar el paisaje tal como se ve desde su ventana, y de alguna forma comunicarle que lo veo.

Esto presupone el reconocimiento de la existencia del otro como individuo separado, cuyos sentimientos, emociones y formas de vivenciar el mundo son únicos, particulares y solo pueden medirse bajo su propio parámetro.

Familia¿Por qué es importante la empatía? Porque el de la vida es un viaje incierto y difícil, en el que estamos solos y a veces muy desorientados. Porque nuestro mapa es único e irrepetible, y nadie puede darnos la ruta segura para nuestro trayecto personal. Y necesitamos el alivio de sentir que alguien puede, si no darnos la respuesta, al menos comprender nuestra pregunta. Necesitamos de la intimidad psicológica que genera el saber que hay alguien capaz de tomar la mano de nuestra alma y acompañarnos en un pedacito del viaje. Dice Dorothy Corkille Briggs: “La empatía significa que otra persona ha penetrado en nuestro mundo”.

Nadie necesita sentirse más comprendido y acompañado en el intenso y aventurado camino de descifrar este mundo y el propio mundo interior que un niño. Y por alguna razón, por varias razones en realidad, con nadie es más difícil ser empático que con los propios hijos.

El hijo, ese pedacito de uno mismo que tiene en vilo nuestro corazón, nuestra alma, nuestro sueño (literalmente, nuestras pocas y valiosísimas horas de sueño) y nuestra salud mental, es lo más difícil de reconocer como un otro separado de uno después de la simbiosis que tuvimos en la adolescencia con nuestra mejor amiga o con nuestro novio. No hay nada, nadie, ninguna cosa con vida o sin ella que sea objeto más directo de todas nuestras proyecciones, prejuicios, complejos, miedos, experiencias y más y más etcéteras que la criatura que acabamos de depositar sobre el planeta.

Lo que yo creo que debiera ser un niño de cinco años o una pesadilla de catorce (no, no soy prejuiciosa, soy realista), está necesariamente atravesado por lo que yo fui a esa edad. Ya sea que crea que debe ser como fui yo, o lo contrario, o lo que mis padres creyeron que debía ser, o lo que quise ser y no logré… ¿Cómo hago para ver, a través de tanta niebla de emociones, ideas, recuerdos, represiones, olvidos, al pichón de ser humano que se desarrolla frente a mí, que no soy yo y que tiene todo un universo propio en el que yo soy sólo un factor?

También está todo lo que entendemos como “experiencia” o “madurez”: aquello que creemos que sabemos. Lo que aprendimos a lo largo de nuestro esforzado camino para ser quienes somos. NOSOTROS. Quienes somos nosotros. No ellos. Y esto sumado a los valores que tenemos hoy, gente grande que tiene que llegar a fin de mes, desarrollarse profesionalmente, cocinar para la cena… y criar a un niño.

Cuando Olivia grita de frustración porque no logra atravesar la pared empujando una silla, yo tengo dos opciones: o trato de explicarle que no vale la pena ponerse tan mal por eso (ya sea desde la “madurez” de saber que la pared no se puede atravesar o desde mi propia visión de que “para qué querría hacerlo”), o trato de comprender lo que ella está sintiendo, del modo en que lo está sintiendo… que probablemente no sea exactamente lo que sentí yo cuando me pasó a mí a su edad, porque Olivia es más cabeza dura que yo, o tiene más deseo, o tal vez más fuerza y sabe que si empuja un poquito más va a lograr romper la pared. Es decir, la empatía significaría entender que Olivia tiene su propia forma de vivir lo que está viviendo, y desde allí tratar de ayudarla a resolver su frustración sin imponerle mi experiencia como niña ni mis conceptos de adulta.

Congruencia:

La congruencia, dijimos en una nota anterior, refiere a una correcta representación en la conciencia de aquello que uno está sintiendo; es decir, no creer que uno tiene frío cuando tiene calor. Y esta representación es fundamental para que el motorcito que nos conduce hacia nuestro propio crecimiento pueda funcionar adecuadamente. O sea, para que seamos medianamente felices.

Si Olivia enloquece de furia porque odia ir sentada en su cochecito y yo trato de convencerla de que ir en el cochecito le encanta, la estoy estafando. Claro que necesito que ella se siente en su cochecito porque mi brazo no resiste llevarla a la plaza a upa ni una sola vez más, pero a ella NO LE GUSTA ir en el cochecito. Y estos son dos hechos separados. Como yo soy su mamá, es decir su principal referente, espejo y traductor del mundo y de sí misma, Olivia tiende a creer de manera sorprendentemente literal en las cosas que yo le digo (por lo menos hasta su adolescencia, que entiendo comienza actualmente alrededor de los nueve años…). Si le digo que es cabeza dura, lo más probable es que me crea. Si le digo que es inteligente, linda o malvada, me va a creer. Y si le digo que lo que le gusta lo que en realidad no le gusta… probablemente me crea también. Lo cual no significa que su experiencia vaya a cambiar, sino simplemente que la va a traducir de manera distorsionada: cuando se sienta mal con respecto a algo, pensará que eso es sentirse bien. Que eso le gusta. Listo, le estoy haciendo un favor genial.

Claro que es más complicado el camino de reconocer “vos odiás ir en el cochecito y yo te voy a imponer que lo hagasl”. Pero la verdad es esa, y la verdad es algo muy valioso para una cabecita en formación, ya que la percepción excede las palabras y cuando algo hace ruido pero no es nombrado, genera bastante confusión, por decir poco.

El problema, una vez más, somos nosotros mismos: si yo no soy capaz de reconocer adecuadamente y aceptar mis propios sentimientos, difícilmente podré hacer lo mismo con los de Olivia. Es decir, si no puedo tener un funcionamiento congruente (lo cual implica, por ejemplo, reconocer a pesar de la culpa que hay momentos en que quisiera dejarla encerrada en casa y salir corriendo, y aceptar y procesar también que no puedo hacerlo a pesar de lo que siento), tampoco puedo favorecerlo en ella.

CONCLUSIÓN:

Si creo que el enfoque rogeriano es el camino hacia la autoaceptación, el autorrespeto y el desarrollo del potencial de mi hermosísima Olivia (¿ya les dije que es hermosa?), es imprescindible que yo misma busque la forma, como madre, de revisar mi propia historia, de comprender mínimamente mis emociones actuales y de aceptarlas.

Si no soy capaz de aceptar las emociones de Olivia, ella también aprenderá a rechazarlas. Y si no soy capaz de aceptar las mías, difícilmente podré aceptar las de ella.”

Autora: Ana Goldenberg (Counselor)
Fuente: www.rogersyotrasyerbas.blogspot.com.ar  
Facebook: www.facebook.com/anagoldenbergconsultoria

 

No se pierdan este taller! Aquí les dejo la invitación:

Taller- El Enfoque Centrado en la Persona aplicado a la crianza

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El embarazo después de perder un bebé.

El embarazo después de perder un bebé.

“En todas estas situaciones, el marco de referencia de los padres para el siguiente embarazo es su experiencia anterior. Estos padres han perdido la inocencia. La probabilidad estadística les ha traicionado, y cuando se ha producido una muerte, viven con constante ansiedad pensando que la muerte puede golpearles de nuevo (Kowalski, 1991).”
 
“En los doce últimos años, el trabajo con familias en las que se da un nuevo embarazo después de uno anterior malogrado ha ayudado a identificar diferentes fases de evolución en la gestación a medida que las familias viven el nuevo embarazo (O’Leary & Thorwick, 1994).

Son éstas:

• Trabajar el miedo a otro embarazo anormal.
• Trabajar la evitación del vínculo afectivo por temor a perder al bebé después.
• Superar la falta de voluntad para recuperarse de la pérdida por lealtad al bebé que murió.

Nuevo embarazo luego de la pérdida.Hemos observado cómo todos los miembros de la familia, incluyendo los niños, se enfrentan a las cuatro primeras tareas. Algunos hombres deben llevar a cabo también un esfuerzo adicional: superar el miedo a perder a su compañera si la muerte perinatal anterior supuso una emergencia médica para la vida de la madre.

El conocimiento de estos aspectos del embarazo, junto con la información disponible en la literatura, han servido para desarrollar el marco de experiencias de los padres en aquellas relaciones padre-hijo que se inician en la fase prenatal. Al tiempo que viven su duelo y necesitan hablar del bebé que murió, estos padres deben también iniciar su relación con el nuevo bebé. Hasta que su papel como padres de un bebé que murió no sea reconocido y validado, les costará comprender que este es realmente un bebé distinto (O’Leary, Parker & Thorwick, 1998) y tendrán dificultades para implicarse en el nuevo embarazo.”

En el primer trimestre es raro que los padres experimenten la emoción inicial del embarazo. Los propios padres de la pareja embarazada —los futuros abuelos—muestran su sorpresa al descubrir que no están contentos. Mientras que la familia y los amigos piensan que quedarse embarazados de nuevo les ayudará a sentirse mejor y sentirse ilusionados, en lugar de ello surge un nuevo temor: el de perder también a este bebé. Muchos de estos padres no quieren decir a nadie que están embarazados. No quieren que les digan “ahora podréis ser felices de nuevo”. Al estar tan asustados, no quieren participar de los sentimientos de alegría de los demás. Para estos padres, eso sería como negar al bebé que murió.

Durante el segundo trimestre las parejas se enfrentan a decisiones tales como someterse o no a pruebas neonatales adicionales. Discutirlo es útil para ayudarles a escoger entre las distintas opciones durante la planificación del embarazo. En este período el miedo puede crecer al sentir los primeros movimientos del bebé. Los padres pensaban que estos movimientos les darían confianza, pero en vez de eso se cuestionan nuevamente si es demasiado movimiento o si los movimientos no son suficientes. Es habitual que se haga una ecografía a la semana 18-20, y conocer el sexo puede provocarles sentimientos encontrados. Algunas personas quieren un bebé del mismo sexo que el que murió, y otras quieren el sexo opuesto. Pueden experimentar un resurgimiento del dolor cuando empiezan a ser conscientes de que éste es un niño diferente y no es el niño que murió. Aceptar esto como un fenómeno común sirve de ayuda a los padres. Intelectualmente, comprenden que se trata de un niño diferente, pero emocionalmente siempre querrán la vuelta del otro niño.

La mitad del segundo trimestre puede ser una época de asentamiento, especialmente si el niño anterior murió a causa de una enfermedad que puede diagnosticarse a través de la ecografía, como por ejemplo la hipoplasia del hemicorazón izquierdo o una anormalidad genética. Pero incluso cuando saben que este bebé no tiene la enfermedad del anterior, muchas personas aún tienen miedo. Ahora saben que algunos bebés mueren, y no recuperarán la confianza hasta que no vuelvan a casa con un bebé sano.”

Las pruebas prenatales pueden comenzar en cualquier momento entre las semanas 28 a 32 de gestación. Esto puede ser de gran ayuda para los padres. Pueden obtener información objetiva sobre la salud de su bebé y sentirse aliviados al saber que alguien les está ayudando a vigilar el desarrollo del bebé. En el último trimestre, cuanto más se acerca la fecha estimada de parto, más miedo pueden sentir. No es raro que los padres digan “saquen al bebé como sea ahora que todavía está vivo”.

EmbarazoAdemás, este es un momento en el que la pareja están más expuesta a sus propias emociones. Las parejas dijeron que era más fácil para ellos no pensar en el embarazo y preocuparse por el trabajo. Cuando toman conciencia de que este bebé podría realmente nacer, necesitan ayuda para afrontar el parto tanto ellos como su pareja. Siempre que sea posible, sería conveniente facilitar a estas parejas clases de preparación al parto especiales. Si ello no es factible, ofrecerles al menos apoyo mediante la redacción de un plan de parto. Es extremadamente beneficioso para ellos visitar el área de dilatación y paritorios antes del parto. Aunque esto puede resultarles difícil, necesitan que les animemos a ello de forma amistosa. Lo ideal sería hacerlo de forma individualizada, no en grupo.

Muchas familias han descrito reacciones del síndrome de estrés postraumático cuando entran en el área de maternidad. Necesitan recrear sus sentimientos de forma que cuando llegue el momento del parto puedan concentrarse en ese parto y en ese bebé. Esto también es importante para las familias que tienen hijos mayores antes de su participación en una clase de preparación para los hermanos. Muchas veces estas familias han visitado el área de obstetricia en un momento determinado, ingresando por disminución de movimientos fetales o parto prematuro. Si esto ocurre, es preciso estar alerta ante la posibilidad de que esta sea su forma peculiar de “ensayar”.”

Sugerencias para quienes se enfrentan a padres como nosotros:

• Ofrezca su apoyo y sus servicios. Incluso si estos embarazos no son considerados de alto riesgo por razones médicas, las circunstancias emocionales tanto de los padres como del bebé que va a nacer los convierte en embarazos de alto riesgo.

• Valide como normales los miedos y ansiedades de los padres.

• Si ingresan en obstetricia por tener contracciones o disminución de los movimientos fetales, examine el expediente para ver cuándo perdieron al bebé anterior. Muchas veces experimentan contracciones o sienten que el bebé ha dejado de moverse en fechas próximas al aniversario de la pérdida del bebé anterior.

• Comprenda que mantener una relación distante con el bebé que llega es su forma de protegerse. Guíe poco a poco a los padres en la aceptación de que sería igualmente doloroso que este bebé muriese también y ellos no se hubieran permitido a sí mismos establecer vínculos afectivos con él. Ayúdeles a aprender a confiar en el bebé y en su intuición sobre quién es este bebé.

• Sea consciente de que los niños se contagian realmente de los sentimientos de la madre y que el bebé necesita palabras que expliquen esos sentimientos. De alguna forma, el bebé sabe que el o ella llegan después de una pérdida. Esto atañe al bebé porque el bebé que murió es parte de su familia.

Por Joann O’Yeray, MPH, MS.

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La muerte de un bebé mellizo o trillizo.

La muerte de su bebé mellizo o trillizo.

Para todas aquellas personas que desean tener hijos, los mellizos y los trillizos son muy especiales. Para muchos padres, descubrir que esperan mellizos o trillizos es una emoción similar a haber ganado la lotería. Muchos lo recuerdan como el día más memorable de sus vidas. Asimismo, muchos futuros padres sienten temor acerca del esfuerzo que implica criar a más de un bebé a la vez. Sin embargo, la emoción de estar esperando a “varios” bebés siempre llega, y hace experimentar en los padres una sensación de paternidad muy especial. Al mismo tiempo, los futuros padres disfrutan de la sensación que crea en la familia y en la comunidad el hecho de estar esperando a más de un bebé. Ya sea que el embarazo fue planificado o sorpresivo, natural o fruto de un tratamiento de fecundación, estar esperando a los bebés se transforma en una de las ocupaciones principales de la vida de los futuros padres. Gracias a los avances tecnológicos, muchos padres saben con prontitud que están esperando a más de un bebé, el número exacto, y pueden conocerlos antes de nacer, gracias a ecografías y otros estudios. Esto contribuye a crear un fuerte vínculo entre los futuros padres y los bebés por nacer. Es frecuente que cada bebé ya tenga su nombre desde el inicio mismo del embarazo. En el caso de aquellos padres que se enteran en el momento del nacimiento que han tenido más de un bebé, la emoción es igualmente inmensa.

El fallecimiento

La pérdida de un hijo es una tragedia para la cual la vida nunca nos prepara, aún en caso de saber que nuestro hijo podía morir. Vivir el embarazo de mellizos o más bebés y luego sufrir el fallecimiento de alguno de ellos es una situación que carece de sentido para los padres –tanto física, mental o emocionalmente. Observar al pequeño sobreviviente implica recordar al bebé o a los bebés que no lograron sobrevivir, y ésta es una situación especialmente desgarradora -para los padres. Esta situación sucede a miles de familias cada año tanto en Estados Unidos de América como en el resto del mundo. La cantidad de embarazos múltiples se ha incrementado considerablemente gracias a los avances tecnológicos en el área de fecundación. Por esta razón, ha aumentado la cantidad de embarazos múltiples (mellizos, trillizos, etc.). Todas las imágenes y publicidades que se observan por televisión no dan cuenta de los numerosos problemas que pueden presentarse: muerte intrauterina de alguno de los niños o de todos, incluso cerca de la fecha de parto; nacimientos prematuros y prolongados días de sufrimiento en la sala de cuidados intensivos neonatales, la desdicha que implica no poder llevar a todos los niños al hogar, la muerte a causa de una procidencia del cordón umbilical, el Síndrome de transfusión entre mellizos, dificultades durante el parto, alguna enfermedad de la madre, problemas congénitos, SMSL o la muerte súbita e inexplicable durante la infancia (SUDC). También existen otros trastornos más frecuentes en los nacimientos múltiples. Muchas familias deciden continuar con el embarazo a pesar de saber que uno de los bebés falleció in-útero, y otras familias se enteran de que alguno de sus bebés no logrará sobrevivir después del parto a causa de algún trastorno grave, como la anencefalia. En algunos casos, el embarazo se inicia con tres, cuatro niños o más y los padres deben tomar la terrible decisión de elegir selectivamente a algunos bebés ya que no todos lograrán sobrevivir. En otros casos, los padres deben decidir concluir con la vida de alguno de los bebés que presente algún trastorno congénito y no logrará vivir. Muchos de nosotros experimentamos la destrucción de nuestro sueño, y el comienzo de un viaje difícil y doloroso que requiere muchísimo tiempo y apoyo.

Luego del fallecimiento

Las circunstancias que rodean al fallecimiento en un caso de nacimiento múltiple suelen ser complicadas y agitadas, debido a una serie de causas: hay más de un bebé, si la muerte se produjo antes del parto o después del mismo, y el hecho de que quizás los otros bebés estén en la sala de cuidados intensivos neonatales. Quizás la madre de los bebés aún esté recuperándose de un embarazo o parto traumático; tal vez los bebés estén internados en diferentes hospitales y por lo tanto los padres deben separarse para que cada bebé esté con uno de ellos. Sin embargo, hay varias cosas que hacer, por el sólo hecho de que se trata de un nacimiento múltiple, y porque hay otro u otros bebés sobrevivientes. Con el paso del tiempo, la familia comenzará a sobrellevar y aceptar lo sucedido, para poder relacionarse de un modo sano con el bebé o bebés que aún viven y nos necesitan.

Ver, tener en brazos y acariciar al bebé fallecido, aún si murió in-útero antes de nacer, nos confirma que realmente tuvimos mellizos (trillizos o más). De esta manera, podremos iniciar el doloroso proceso de duelo y conservar recuerdos que luego rememoraremos en el futuro. No hay necesidad de limitarse a un breve momento en la sala de parto con el bebé fallecido: los padres necesitan y deben pasar todo el tiempo que para ellos sea necesario, incluso durante los días subsiguientes y en la casa funeraria. A pesar de que puede interpretarse como una situación difícil, algunos padres expresan su deseo de sostener en sus brazos a todos sus bebés (ya sean mellizos, trillizos o más) incluso si esto implica trasladar a alguno de los niños desde otro hospital, o agrupar las incubadoras en la unidad de cuidados intensivos antes del fallecimiento de alguno de los bebés o luego del mismo. Estas decisiones suelen ser difíciles cuando el bebé fallecido no presenta un aspecto “normal”. Sin embargo, es importante recordar que no es necesario que los bebés sean perfectos ante los ojos de sus padres. Ellos desearán conmemorar la vida de su hijo y lo verán bello a pesar de su aspecto. Además, es muy importante para los abuelos, hermanos y amigos de la familia poder conocer y despedirse del bebé. Una madre comentó: -“Luego de haber esperado con amor y ansiedad a mis bebés durante todo el embarazo, no quería perderme esta oportunidad de tenerlos juntos en mis brazos, y estoy muy satisfecha por haberlo hecho. Mis mellizos y mi hijo fallecido son reales para mi familia, quienes también pudieron conocerlo”.

Poder tomar fotografías del bebé fallecido, y de todos los bebés juntos, será algo muy importante para la familia en el futuro. Asimismo, será de mucha ayuda cuando se explique al hermano sobreviviente que en realidad tuvo un hermano mellizo (o trillizos o más). Se aconseja que los padres lleven su propia cámara fotográfica (y rollo de 35 mm) y que las revelen en
un lugar donde lo hagan allí mismo. También pueden llevar cámara digital. Si el hospital se ofrece para tomar las fotografías, exíjalas con prontitud, ya que podrían extraviarlas. Las video grabaciones también pueden ser muy adecuadas para conservar esos momentos tan importantes, así como las copias de los videos de las ecografías.

Si los bebés eran del mismo sexo, existe la posibilidad de que fuesen gemelos o “idénticos”, aún si luego de morir uno de ellos no se veían parecidos (incluso si fueron concebidos por fertilización asistida). Para muchos padres es muy importante saber si sus bebés eran gemelos (por motivos médicos o emocionales). Esto puede conocerse de varias formas. Es muy importante que los padres no se demoren en conversar acerca de este tema con el médico.

Muchos padres realizan el bautismo del bebé sobreviviente al mismo tiempo que la ceremonia de conmemoración del bebé fallecido, o bien le rinden un homenaje a ambos en otra ceremonia. Pueden hacerlo semanas o meses después del nacimiento, y pueden enviar una invitación en la que incluyan ambas ceremonias –CLIMB puede brindarles modelos de estas invitaciones. En el caso de aquellos padres que perdieron un bebé en un aborto o tuvieron que optar por concluir con la vida de alguno de sus bebés, ésta puede ser una buena oportunidad para rendirles un homenaje de conmemoración.

Los bebés sobrevivientes continúan siendo mellizos o trillizos a pesar del fallecimiento de su hermano. Es muy importante que el personal del hospital, los familiares y los amigos de la familia respeten el deseo de los padres. Es muy desdichado para un padre que perdió un bebé mellizo o trillizo que el bebé sobreviviente sea tratado como hijo único. Asimismo, es muy difícil para los padres de trillizos o cuatrillizos que sus hijos sean tratados como mellizos.

El regreso al hogar

Los sentimientos que se suceden luego de haber perdido un bebé mellizo o trillizo suelen ser contradictorios: felicidad y tristeza; amor y dolor; necesidad de crear un vínculo con el bebé
sobreviviente y al mismo tiempo despedirse del bebé fallecido. Todos estos sentimientos llenarán los días, semanas y meses venideros. Se trata de experiencias y emociones contradictorias que los padres deben experimentar al mismo tiempo . Los padre aún tienen varios bebés, pero deben ocuparse de aspectos totalmente diferentes para cada uno de ellos.
Además del duelo por haber perdido uno o varios bebés, sobreviene el duelo por haber perdido a “nuestros mellizos o trillizos” (o más). Una experiencia particularmente dolorosa es ver ocasionalmente otros mellizos o trillizos, y muchos padres que perdieron un bebé mellizo o trillizo desearán durante años volver a concebir un embarazo múltiple. Después de perder un bebé, los padres se vuelven extremadamente cuidadosos del bebé o los bebés sobrevivientes, y este sentimiento de temor e inseguridad (aún si los niños son completamente sanos) los induce a resistirse a dejarlos al cuidado de otras personas. El dolor y la necesidad de comprender lo sucedido asoma nuevamente cuando la vida comienza a estabilizarse otra vez, y ese es justamente el momento cuando las demás personas piensan que los padres ya han superado la pérdida. Es por eso que muchos padres se sienten obligados a actuar como si nada hubiese ocurrido. Resulta incómodo escuchar comentarios como: “Al menos…”; “Por lo menos…”, “Deberías…”. Los familiares y amigos que realmente nos ayudan son quienes comprender que nuestro dolor es inimaginable y están dispuestos a estar junto a nosotros y ayudarnos a superarlo.

Es muy importante encontrar la forma de hablar acerca del bebé fallecido, y hallar el momento para conmemorar su vida. Muchos de nosotros estamos convencidos de que debemos vivir el duelo y no evitarlo, para poder disfrutar de nuestro bebé o bebés sobrevivientes. Poder atravesar el proceso de duelo es algo saludable, y disminuirá ansiedades y depresiones en el futuro. Esto nos permitirá estar preparados para conversar en el futuro con nuestros hijos acerca del hermano (o hermanos) que ya no están. De esta forma podremos adaptarnos a las necesidades de nuestros otros hijos. No se sabe a ciencia cierta si el hermano sobreviviente extraña o siente la ausencia del bebé fallecido. No es un tema que pueda someterse a la investigación científica, por lo tanto nunca lo sabremos. Sin embargo, sí sabemos que los padres sienten un dolor devastador ante la muerte de un bebé, y que la relación con los bebés sobrevivientes será mucho mejor si logran expresar sus emociones, y aceptar lo que ha sucedido a través del proceso de duelo. Muchos de nosotros tenemos en la actualidad hijos adolescentes que saben que tuvieron un hermano mellizo, y que a pesar de que la historia es dolorosa, también es en cierta forma especial. Conocer lo sucedido no empañará la felicidad de sus vidas sino que los ayudará a apreciar el hecho de estar vivos y ser felices.

Recordar a nuestro bebé

Dijes angelitosLos padres siempre encuentran el modo de recordar a su bebé o bebés fallecidos e incluirlos en la vida familiar. Algunas formas son usar un anillo, un collar, o un relicario que represente a todos los bebés. También se puede pedir que un artista realice un retrato de todos los bebés (tomando como modelo una fotografía); o bien un fotógrafo profesional puede realizar una
composición fotográfica en la que se observe a la mamá sosteniendo a todos sus bebés. Las artesanías bordadas que aluden al bebé o a los hermanos pueden decorar el hogar, y se puede
incluir al bebé en las celebraciones de la familia. Otros padres encuentran ayuda en los grupos de apoyo, e incluso participan activamente en ellos como líderes. Otra forma de conmemorar a nuestro bebé es plantar un árbol, al que observaremos crecer en el futuro.
También podemos estudiar alguna carrera relacionada con la asistencia a otras personas. Cada familia debe encontrar una forma especial de conmemorar a su bebé. Es muy improbable que un padre pueda olvidar a sus mellizos o trillizos. Sin embargo, con el paso del tiempo y mucha ayuda de otras personas, lograremos que nuestro bebé sea una parte importante de nuestras vidas.

Texto extraído de “Center for Loss in Múltiple Birth CLIMB, Inc.”Red solidaria de ayuda a padres que perdieron uno a más bebés, provenientes de nacimientos múltiples (mellizos, trillizos o más) Página web: http://www.climb-support.org/
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La muerte de un bebé en el embarazo, parto o luego del nacimiento.

Comprendiendo el dolor

Un mensaje para ti, que sufres.

La muerte de un bebé es una de las más dolorosas y traumáticas experiencias que los padres pueden afrontar a lo largo de su vida. Aunque nadie pueda alejar de ti el dolor que sientes en ese momento, puede resultarte de ayuda conocer como otras personas han atravesado tu misma experiencia, o han encontrado al menos una manera de lidiar con ese intenso sufrimiento que les ha provocado la muerte de su bebé.

Es importante que te des permiso para sufrir. El sufrimiento por la muerte de tu bebé puede llevar más tiempo del que tú y los otros esperan. Generalmente, quienes te rodean se sentirán incómodos frente a la intensa experiencia por la que tú estás atravesando. Trata de ser paciente, y no esperes demasiado en poco tiempo.
No importa como ocurrió, ni el tiempo que vivió tu bebé, él fue y es parte tuya y con su muerte murieron para ti, también, muchas de tus esperanzas y sueños de futuro.
Elegirle un nombre si es que no pudo nacer, y aún rememorar su muerte puede ayudarte a afirmar en ti la idea que eres un padre o una madre y que tienes el derecho de sufrir por todo el tiempo, y con toda la intensidad que consideres necesaria.

LOS SÍNTOMAS DEL SUFRIMIENTO

Cuando un bebé muere, los síntomas normales del sufrimiento varían en forma considerable. Las reacciones de los padres y sus sentimientos suelen diferir sustancialmente
Entre las típicas reacciones que pueden presentarse pueden señalarse las siguientes:

• Llanto, soledad, desolación.
• La necesidad de hablar acerca de la muerte de tu bebé, de los detalles y las circunstancias en que ocurrió.
• Sentimientos de desesperanza, abandono, depresión.
• Rabia, enojo, culpa.
• Pérdida del apetito o, por el contrario, ansiedad frente a la comida, insomnio, irritabilidad.
• Falta de capacidad para concentrarse, comprender, o recordar.
• Pérdida de objetivos y metas de vida, un sentido de desolación e incertidumbre frente al futuro.

El sufrimiento, como decimos, lleva más tiempo del que tu y los demás imaginan, y tiene muchos altibajos. Aumenta y cede en forma errática, El primer año es especialmente difícil, cuando los padres se hacen preguntas dolorosas o se atormentan con las siguientes cuestiones:

• Por qué le pasó esto a mi bebé?
• Por qué le pasó esto a mi familia?
• Por qué no me di cuenta de que algo no andaba bien?
• Por qué no fui a consultar al médico antes?
• Es sólo mi culpa?
• Si sólo hubiera…..

No existe ninguna manera adecuada de satisfacer preguntas o cuestionamientos de esta índole. La rabia y la culpa son reacciones normales y frecuentes que acompañan al sufrimiento.
Intenta compartir y expresar estos sentimientos como un modo de que los mismos puedan “salir”. Del mismo modo, perdónate a ti mismo y perdona a los demás
Muchos padres han encontrado ayuda para su sufrimiento tomándose tiempo para buscar documentación e información vinculada a su específica pérdida, o llegando a aprender y conocer sobre los problemas vinculados a la muerte de los bebés.

EL IMPACTO DEL SUFRIMIENTO EN EL MATRIMONIO

La reacción ante la muerte de un bebé es algo individual e intransmisible; es algo estrictamente personal y pertenece a cada persona que transita por dicha experiencia. Marido y mujer, padre y madre, generalmente sufren de diversa manera y en forma frecuente no entienden las re-acciones o necesidades de su pareja. Hay veces en que cada uno se siente por momentos tentado, y por otros renuente, a expresar sus sentimientos de tristeza y dolor cuando el cónyuge ha tenido un “buen día”, y viceversa.
Aunque algunos de los padres no desee hablar de la muerte de su bebé, resulta paradójico que le agrade que el otro lo haga, o sienta la necesidad de hacerlo. Contradicciones típicas del proceso de sufrimiento.
El llanto es otra área de expresión en que los cónyuges suelen diferir. Es aceptable, y una sana expresión de sufrimiento el llorar, pero muchos padres encuentran dificultades para liberar las tensiones a través del llanto. Los padres sienten, frecuentemente, la necesidad de llorar, pero lamentablemente son estimulados por terceros a ser “fuertes”. Sin embargo no olvides que llorar es una reacción normal y saludable.
ParejaSufrir conlleva una actividad emocional, física y psíquicamente agotadora, y no deja energías para algo más que eso: sufrir. Se hace difícil la comunicación en el matrimonio, pero resulta esencial que esa falta de comprensión que se presenta, y las emociones intensas que se sienten, no provoquen problemas en el matrimonio. Sufrir, de todas maneras, es algo estresante, y las parejas necesitan estar atentas respecto de que el sufrimiento no siempre hace que los cónyuges se acerquen en el duelo.
Algo que resulta de gran ayuda es que los esposos se den cuenta de estas dificultades y diferencias, de modo que cada uno de ellos no tenga resentimientos ni rabia contra el otro, como tampoco sienta que al otro no le importa lo sucedido, o que no está herido por la pérdida. Siempre es preferible admitir las diferentes formas del sufrimiento y de su expresión, que ahogar deliberadamente esas expresiones. Es bueno compartir los sentimientos, y es también importante tener presente que las expresiones de sufrimiento que se manifiestan sólo indican una pequeña par-te de lo que la persona, en realidad, está sintiendo o experimentando. Es la punta de un “iceberg”
Marido y mujer pueden reaccionar de manera diferente, y como íntimamente pueden. Y ello ocurre también con sus relaciones íntimas y con sus muestras de afecto. Mientras un cónyuge puede necesitar y buscar estar cerca del otro y compartir intimidad, intentando asegurarse de que nada ha cambiado, el otro puede considerar que retomar relaciones íntimas es una afrenta o una ofensa cuando su bebé ha muerto. Reconoce y acepta que esas reacciones-ambas- son normales. Con tiempo y paciencia, muchas parejas recobran su intimidad, cuando ambos se sienten listos.
Es importante que los matrimonios adviertan con claridad que la solución para estos problemas no es sencilla, que no hay tiempos preestablecidos, ni recetas para la recuperación. Todos los esfuerzos deben dirigirse a compartir lo que cada uno está sintiendo. Tu relación con tu cónyuge puede ser más incómoda cuanto más tiempo tu te “encierres” en estos sentimientos y emociones.

RELACIONES CON LA FAMILIA Y LOS AMIGOS

Amigos, parientes y compañeros de trabajo pueden sentirse incómodos contigo. Ellos no pueden entender la intensidad de tu sufrimiento, sin embargo no pueden evitar sentir que tienen que ayudarte. Consecuentemente, te acercan recetas, “clichés” y frases para provocar tu consuelo. Así es que tu puedes escuchar, frecuentemente:

  •  Tu puedes tener más hijos.
  • Tu fuiste afortunado si la pérdida se produjo en las etapas iniciales del embarazo.
  • Tu eres todavía lo suficientemente joven para poder tener nuevos hijos.
  • Tuviste suerte de que todo se produjo antes de que el bebé fuera traído del hospital a la casa. Si no hubiera sido peor.
  • Si tenía que suceder, mejor que fuera pronto.

Estas propuestas son significativamente dolorosa, pero es muy poco lo que tu puedes ha-cer frente a estas frases ofrecidas por personas que tienen la sincera actitud de ayudarte -aunque de hecho no te ayuden-.Desde el momento que ellas no han sufrido la pérdida que tu sufriste, y no han pasado por tu experiencia, les resulta sumamente difícil poder siquiera imaginar o entender la magnitud y profundidad de tu sufrimiento y tristeza.
Otro de los modos en que los amigos o familiares pretenden mitigar tu pena es sugiriéndote tener otro bebé. Transmite a tus familiares y amigos tus sentimientos respecto de cuan importante fue ese bebé para ti, y pide que te ayuden escuchándote. Nadie reemplaza a nadie .

LOS POSTERIORES EMBARAZOS

La decisión de tener o no tener otro hijo, pertenece exclusivamente al ámbito de la pareja.
No existe preestablecido ningún período “apropiado” para esperar tomar esta decisión luego del restablecimiento de la madre.
No tiene importancia cual es el camino que tu estás buscando, ni el contenido de la decisión, la cual puede consistir en un nuevo embarazo o en adopción. Igualmente esto no cambiará la magnitud ni la profundidad de tu sufrimiento por el bebé perdido.
Sin embargo, si te encuentras planeando otro embarazo, tienes que estar prevenida conociendo que, así como ello te puede estresar, los embarazos posteriores pueden ser difíciles emocionalmente.

LOS HERMANOS QUE HAN QUEDADO

Los hermanos del bebé también sufren, y muchas veces son ignorados desde el preconcepto de que son “demasiado jóvenes” para entender, Estimula a tus otros hijos a hablar acerca del bebé, hermano o hermana muerto o perdido. Existen Grupos y organizaciones que apoyan estos tránsitos y cuentan con lecturas específicas para estos casos. Es saludable para tus hijos compartir sus experiencias y sentimientos con otros chicos que han perdido hermanos o hermanas.

PREGUNTAS ACERCA DE TU FE

La muerte de tu bebé puede llevarte a debatir o a cuestionar tu propia fe, o tu filosofía de vida. Por un tiempo quizá sientas que la vida es desagradable y que carece de sentido, así como que no tienes por qué vivir.
Muchas de tus quejas y rebeliones pueden dirigirse directamente a Dios, y puedes hasta considerar que tienes que tomarte tiempo para re-examinar tus creencias religiosas.
Estos sentimientos pueden ser combativos, pero es importante que te permitas a ti mismo, la libertad de abordar estas preguntas sin sentimientos de culpa. Un sentido de propósitos y de control retornarán a tu vida en algún momento. Pero ello es un proceso gradual que no tiene un límite de tiempo preestablecido. Para muchos la fe provee apoyos y frecuentemente ayuda a los padres a aceptar lo inaceptable.

EL ABUSO DE LOS MEDICAMENTOS

Puede ocurrir que te sientas tentado a adormecer el dolor de tu sufrimiento utilizando el alcohol, los medicamentos o las drogas. Pero ello sólo dilatará y postergará el normal proceso de sufrimiento, prolongándolo .No puedes escapar del dolor del sufrimiento. Ni evitar enfrentarlo indefinidamente. Sólo podrás superarlo sintiéndolo y viviéndolo intensamente.

ALGUNAS COSAS QUE PUEDEN AYUDARTE

Fotografías u otros recuerdos, suelen ayudar a los padres durante el proceso de sufrimiento.
Otros padres, cuando no tienen estos elementos, guardar recuerdos del hospital, certificados u otros elementos, que guardan en una caja especialmente comprada para ello.
Trata de compartir tiempo con otros padres que han pasado por experiencias similares
Compartiendo con ellos, dentro de una atmósfera de aceptación y comprensión, puede aliviarse el sentimiento de soledad y desolación que produce el sufrimiento. Aquellos que “han estado allí” pueden realmente entenderte en la mayoría de los aspectos dolorosos del sufrimiento, al mismo tiempo que te recuerdan que no estás solo en el dolor.

Texto extraido de Los Amigos Compasivos es un Grupo Internacional de apoyo para los padres que han sufrido la pérdida de un hijo, y para sus otros hijos. Este Grupo, que funciona en los Estados Unidos, ha publicado un folleto sobre el tema de referencia y luego de haber tomado contacto epistolar con ellos, nos hemos animado a traducirlo para traer estas reflexiones al Grupo y permitir que pueda ser alcanzado a otros padres que, por la causa expresada en el título, estén sufriendo. – Daniel y Gabriela Vítolo-
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“El breve espacio en que no está” (Natacha Matzkin)

 

Una mujer embarazada no pierde un bebé. El bebé se muere y la deja rota, amputada, con la casa llena de objetos sin sentido, las miradas de lástima de la parentela y la negación y el silencio de los que consideran que de eso no hay que hablar.

La muerte de un hijo en el útero es tan muerte como cualquier otra y el dolor es tan grande como si ese hijo hubiera muerto en su cuna o en un accidente de tránsito o de una enfermedad o de hipotermia escalando el Aconcagua; pero los demás no soportan no saber qué decir y por lo tanto dicen pavadas o no dicen nada, ni siquiera los pésames de compromiso.

Un entierro rápido, un silencio que se corta a cuchillo, una soledad inmensa y el vacío. Donde antes latía la vida ahora

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